Bright Eyes — The People’s Key: diferimos en la definición de rock

Bright Eyes es una de las bandas cuyo ciclo creativo es más uniforme. Aproximadamente cada dos años podemos disfrutar de un nuevo disco de Oberts y compañía, por lo que el discurso natural de los acontecimientos era encontrarnos con The People’s Key. Su séptimo álbum de estudio es el primero en el que el dúo habitual se ha convertido en trío, con la incorporación de Nate Walcott a la pareja formada por Oberst y Mogis, con los cuales ya colaboró de forma habitual en sus anteriores trabajos.

The People’s Key tiene una tarea poco apetecible, la de mantener el nivel, o al menos salvar los platos, con respecto a Cassadaga, el considerado por buena parte de la crítica como su mejor disco hasta la fecha, algo muy discutible si tenemos en cuenta el fantástico I’m Wide Awake, It’s Morning. En cualquier caso, el listón está por las nubes y esto no deja de ser un peso a la hora de abordar el álbum, tanto a favor como en contra según sople la marea. Y en este caso, parece que hay calma chicha.

A veces, tanta corrección aburre

Somos exigentes. Grupos como Bright Eyes se han labrado una reputación y una trayectoria que hace que esperemos mucho de sus discos. Y no sólo como conjunto, sino que también esperamos encontrarnos de bruces una de esas canciones que se convierten en el hilo musical de un momento concreto del día semana tras semana, como en su día logró ‘First Day Of My Life’ con muchos de nosotros.

Sin embargo, si hay algo que define The People’s Key es la uniformidad que hay entre las canciones que lo componen. No hay ningún corte cuya inclusión no esté perfectamente justificada dentro del estilo o directamente traído por su predecesor en el tracklist. Siempre es deseable la coherencia, pero ésta es una de esas ocasiones en las que camina por la muy delgada línea roja que la separa de la monotonía.

El comienzo del disco no ayuda en absoluto. En ‘Firewall’ nos encontramos de bruces con un monólogo de dos minutos y veinte segundos que hace que desenganches cuando intuyes que no se trata de unas cuantas frases inspiradas que pretenden introducir el código utilizado en el álbum.

Ya hemos superado el estilo Americana, las raices, lo que sea que supone este sonido. La gente lo llama country, pero nunca creí que fuéramos precisamente country. Pero cualquiera que sea esa estética, me parece que ya está algo desgastada a día de hoy. Así que lo que queríamos era sonar mucho más rock, y a falta de un adjetivo mejor, contemporáneos, o modernos.

Estas recientes declaraciones de Oberst hacen que mi aproximación a The People’s Key me haya resultado aún más desconcertante. El sonido americana sigue latente, camuflado por cierta dureza eléctrica en algunos casos que el cantante ha concluido que debe ser rock, pero que se queda en un intento demasiado tímido por salirse de las aguas templadas en las que se han movido con anterioridad y que tan buen resultado le ha dado, sobre todo cuando se trata de instrumentación acústica y más aún en los medios tiempos y en las canciones de corte más íntimo.

Las canciones más próximas a esta intención son ‘Shell Games’, ‘Haile Selassie’, y sobre todo ‘Jejune Stars’, la única que sí consigue una inmersión en el rock pero en el que la voz de Oberst, para mí uno de los mayores méritos de Bright Eyes, continúa atenuada y editada de manera que pierde calidez y gana en agudeza, quedándose en la superficie y restando alma a una buena parte de las canciones del disco.

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