Brockhampton – GINGER, crítica: la boy band de tu corazón

Brockhampton - Ginger (2019)

La propia existencia de Brockhampton se sustenta sobre un juego de ficción: dicen ser la boy band que puede representar a todos los estadounidenses, una entelequia aún más divertida (o triste, según te venga el día) si se observan las fracturas sociales de EEUU.

Así que Brockhampton llevan desde el primer Saturation (2017) cultivando esa imagen de Backstreet Boys transversales (en condición, en raza, pero también en género musical). Que ni se te ocurra llamarles grupo de rap, que les da un parraque. Han tenido incluso sus momentos de melodrama: el despido/separación de Ameer Vann tras las acusaciones de conducta sexual inapropiada.

GINGER viene a recopilar ese torbellino loco en el que el grupo ha estado instalado desde el triple disco de 2017 y ese Iridescence (2018) con el que se colocaron en lo más alto de Billboard, cumpliendo así sus objetivos vitales.

Recomendamos no dejarse llevar por la primera impresión de GINGER: si, como a mí, te interesan menos los Brockhampton R&B que los que manejan tantos palos del Hip-Hop que abruman, canciones como ‘No Halo‘ o ‘Sugar‘, cercanas a ese trap fondón de chavalada triste, te dejarán muy frío (aunque líricamente dejan muy claro de que va el disco y eso acaba jugando a su favor). Pero GINGER crece a media de que avanza el tracklist, jugando con tus expectativas: los fraseos y bases cool de ‘Boy Bye’ dan al disco un aire engañosamente ligero (de nuevo, las letras marcan contraste) que no continúan porque van dando bandazos. La misteriosa y altamente emocional ‘If You Pray Right’ no tiene continuidad porque tienen otros palos que tocar.

GINGER funciona también igual cuando Brockhampton se ponen más oscuros y agresivos, como en ‘St. Percy’ (extrañamente colocada en la secuenciación, como si quisiesen romper por completo lo que esperas como oyente) o ‘I Been Born Again’,

Y, ojo, que ‘Dearly Departed’ puede que sea la mejor balada que han hecho hasta ahora. Quizás también su mejor canción, dándole aire en la mitad del disco a un álbum que siempre parece a punto de despeñarse en la intrascendencia.

Además de por las grandes canciones (elige las que quieras), GINGER convence por el tono: hay un poso de tristeza, de descubrimiento de lo irremediable de la vida. De que a la boy band le ha llegado la época en la que las amistades se rompen y a veces ni siquiera ocurre como una crisis, sino como un desdén paulatino. Ese tono sombrío, ya presente líricamente en todo el inicio, se adueña también de la música en la parte final del disco, desde la canción titular hasta el cierre, anticlimático pero necesario, de ‘Victor Roberts‘.

GINGER no es el mejor disco de Brockhampton, pero sí les certifica como el mejor grupo capaz de ser a la vez rap-pop, hip-hop hardcore y R&B melifluo. Así que, que se empeñen en ser Boy Band si quieren, la boy band de la que, da igual lo que seas, siempre te puedes enamorar.

7,5

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Brockhampton - GINGER
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