De un disco de Caspian en enero te esperas que haya, como poco, algo suficientemente digno para echarte a la boca (al oído) porque novedades hay pocas y las pocas que te gustan las machacas bastante. Vamos, la que hicieron Mono el año pasado (que estaba guay, ojo). Y es extraño hablar en estos términos de los de Massachusetts, ya que el anterior es uno de esos discos que puede pelear por ser la cima de su carrera.

Quizá sea por la propia idiosincrasia de Caspian como banda. Son un grupo de post-rock espectacular, pero visto. Eres capaz de olvidarte de lo poco frescos que son mientras los escuchas porque son tremendamente eficaces en lo que hacen. Sus herramientas son conocidas, pero te quedas flipando igualmente con sus crescendos y sus guitarras al 11. Nunca tratan de ser el grupo que no son y por ahí resultan vencedores. También hace que sus novedades sean menos excitantes conforme pasa el tiempo y te pilla con pocas ganas de post-rock.

Debo decir que no será porque no lo intentan en On Circles. La principal novedad son las voces, presentes en un par de temas del nuevo trabajo y que nos hacían aventurar un giro en su carrera a lo Rock Action, de Mogwai. Luego hay cierto toque más casero, más indie-folk, a lo largo de todo el disco que te dan ganas de hacerte un té, ponerte la mantita y disfrutar de una placida tarde de post-rock.

Sin embargo, el té y mantita pueden ser traicioneros y te acaba llegando una siesta por sorpresa. El toque más íntimo y plácido tiene sus momentos, pero queda demasiado ligero para dejar cierto poso. Escuchas los temas, piensas «qué mona esta», pero realmente te dejan poso. No ayuda que sus melodías ya parezcan las de unos Explosions in the Sky menores y que, cuando quieren recuperar la bravura de su anterior obra (‘Collapser‘), esta desentona un poco con el conjunto y no termina de funcionar.

Y por eso On Circles es un disco placentero, pero también poco transcendente o ilusionante. Te va a arreglar la tarde, pero te vas a olvidar pronto a poco que encuentres otro disco con un poco más de enjundia. Bonico, majo, y ya. No lo puedes detestar, pero no te va a dar más ganas de seguir escuchando post-rock. Quizá porque ya estamos lo bastante desligados del género (que igual tocaba), así que lo mismo no es todo culpa de Caspian. No eres tú, soy yo.

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