Cassadaga — Bright Eyes

Pese a lo que pueda parecer en una primera escucha, Cassadaga es un buen disco. A ratos, uno hasta brillante. Pero no uno sencillo, ni el que debe encumbrar a Bright Eyes (y a su líder, Connor Oberst) fuera de las corrientes más minoritarias del mainstream. A pesar de que todo indicaba que éste era el momento del salto, Bright Eyes han decidido tomárselo con calma.

Que conste que son el grupo perfecto para que muchos se los tomen a chifla. Un jovencito tratando de dar lecciones sobre política, medio ambiente y sociedad moderna es algo que ya no se acepta así como así. Y muchas de las críticas más severas de la prensa anglosajona a este disco vienen, sobre todo, a raíz de sus letras.

Hay quien las llama “adolescentes” (siempre en tono peyorativo), quien las considera panfletos sin consistencia y quien dice que suenan como si Connor estuviese totalmente puesto de prozack.

Desde la perspectiva de un no angloparlante, es lo musical lo que debe prevalecer a la hora de juzgar al disco. Y sí que es verdad que Bright Eyes se aferran a un sonido ideal para sonar en radiofórmulas (el single Four Winds es clarificador al respecto), como si quisiera significar para los nuevos jóvenes lo que Springsteen para los de hace 25 años.

¿Hace Connor Oberst borrón y cuenta nueva de todo lo que ha pasado en el undeground de la música de raíces americana? No, pero ahora parece más cómodo en su papel algo revivalista que en el “nuevo Dylan”, apelativo con el que muchos periodistas musicales habían logrado titulares.

Clairaudients (Kill or Be Killed) abre el disco con grandilocuencia y pomposidad, con arreglos orquestales, voces sacadas de la radio y haciendo que todos esos elementos se traguen a la canción en sí, que ocupa menos de tres minutos de los 6 en total que tiene el tema de apertura. Cumple con el papel menos lineal del disco, ése en el que también están la épica de cowboy (cowgirl, más bien) de Hot Knives.

Dentro de la línea tradicionalista, además de la ya mencionada Four Winds, encontramos If The Brakeman Turns My Way (precioso el estribillo de esta canción emparentada con el Against The Wind de Bob Seger) o Soul Singer in a Session Band (la que menos me convence del disco).

En el lado de la emoción pura encontramos Make a Plan To Love Me (¡qué juegos con los coros!) o la final, tristísima, Lime Tree.

Y sí, puede que en ocasiones suene demasiado ampuloso, puede que no sea mejor que Lifted… (para mí, aún el mejor disco de Bright Eyes) y que Connor brille más cuantos menos medios tenga. Pero el paso no deja de ser acertado y se merece más escuchas que las que en primer término pudieran parecer.

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