‘Chernobyl’ (HBO) y la música del horror

Chernobyl (HBO) Hildur Guðnadóttir
Chernobyl (HBO) Hildur Guðnadóttir

Hay un momento, en el tramo final del episodio 2 de ‘Chernobyl’, la excelente miniserie de HBO y Sky, en que se transforma en una de terror. Los buzos entran a la central, las luces caen, la atmósfera es opresiva y el único sonido que hay es el del agobio, el de la muerte.

Es la enésima ocasión en la que ‘Chernobyl’ decide que el tono y el ritmo son sus dos armas fundamentales para sobrevivir a lo que uno, sinceramente, sólo pensaba que podía salir mal: contar el mayor desastre nuclear del siglo XX.

Frente a la dulcificación de las narrativas históricas o la espectacularización (tan intensa y entretenida como inane) de las películas de desastres, ‘Chernobyl’ se comporta muchas veces como si su género fuese el horror. Los gritos de dolor rompiendo el silencio en los hospitales; los helicópteros destrozados por «el gran monstruo invisible»; los planos generales que se rompen en un plano corto a un pájaro muerto; los acordes de la banda sonora… hay muchas imágenes en las que el equipo creativo decide que esto va de sufrir, de sentirse mal.

«¿Así es cómo hacen ustedes todo?»

Chernobyl es desasosegante desde casi su primer minuto, opresiva y en muchas ocasiones casi un billete para la misantropía. Aquí el Mal es, en todo momento, el hombre, sus mentiras, su decisión de tapar errores huyendo hacia adelante, su fe ciega frente a la realidad.

Da igual si es el responsable de seguridad de la Central Nuclear incapaz de asumir la realidad que tiene delante de sus narices, el político de pueblo que quiere brillar eligiendo sin meditar las consecuencias o el burócrata capaz de paralizar soluciones porque sí. «Si lo ha decidido, decidido está». Aunque es la maquinaria estatal inmensa de la URSS la que queda expuesta, el significado es universal. Ante un desastre, la mayoría de las ocasiones la primera reacción suele ser un error. Y es culpa del ser humano.

Legasov, el profesor que se enfrenta a todo ese informe, difuso y caótico Mal, es también el primero que nos ayuda a no perder la esperanza. Porque, a la vez que es una historia de terror, Chernobyl es también una historia de héroes y heroínas. La de los tres hombres que deciden entrar a la central cuando saben que su destino es la muerte; la de quienes conocen el horror desatado y las consecuencias sobre sus cuerpos pero en vez de huir se acercan más y más a la central para intentar solucionarlo.

Ante la tentación del maniqueísmo, ‘Chernobyl’ acepta, eso sí, que las personas son mucho más que arquetipos: los héroes pueden serlo con mucho grises (y el vicepresidente Scherbina, desde luego, lo es; y de Legasov ya hablamos cuando acabe). Ni siquiera hacia el final, cuando ‘Chernobyl’ se transforma en una ficción judicial en busca de culpable, se pierde del todo esas ganas de matizar los blancos y los negros.

«El resultado es el mismo: es imposible y aún así ocurrió»

Y, en medio de todos esos tonos, el de serie de catástrofes, el de antología del terror, el de la nueva carne hecha profecía atómica (ay, el interrogatorio a Toptunov)… ahí es donde se instala Hildur Guðnadóttir de nuevo.

Especialista en bandas sonoras, para la de Chernobyl adopta un tono industrial que amplifica el desamparo, hace que la atmósfera se corte con un cuchillo (‘The Door’), transforme la poesía en horror postapocalíptico (‘Bridge of Death’), haga de los arreglos vocales un coro de misa soviética en la que ya no queda ni esperanza (‘Vichnaya Pamyat’) y suene en todo momento ominoso, en todo resquicio inhumana por imposible de abarcar.

Igual que en ‘Chernobyl’ la gente comienza a morirse realmente cuando piensan que están mejor, y la carne borbotea, en su banda sonora escuchamos la muerte entre los pasillos, el aire viciado (‘Clean Up’) y la fantasía industrial que acaba en horror. Liður, en su versión ‘Chernobyl’, es el ejemplo perfecto del cambio que ha operado Guðnadóttir en su música para que encaje con todo lo que en las imágenes ocurre. De Saman (2014) aquí, lo que era, quizás, tristeza y un punto de desamparo es ya sólo desolación.

Es, sí, la banda sonora de una obra de terror de ciencia ficción porque, quizás, sólo podía musicarse así.

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Hildur Guðnadóttir - Chernobyl OST
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