Clark – Playground In A Lake

Después de haber pasado el corte con el ámbito de las bandas sonoras con un par de ellas, como hacen cada vez más los productores de electrónica, Clark ha publicado recientemente su nuevo LP, Playground In A Lake (Throttle, 2021), como heredero de Death Peak (Warp, 2017), último lanzamiento con producciones propias con respeto a su proyecto musical. Sin embargo, este nuevo largo no es precisamente un heredero sonoro de aquél trabajo de hace cuatro cursos. En primer lugar, Playground in a Lake es una recopilación de temas desde 2014 a 2020. Quizá durante estos años, al tiempo que ha ido sondeando el ámbito de las BSO, este tipo de canciones era no ya camino lógico en su carrera, que también, sino sobre todo un territorio que explorar al estar la parte ambiental tan íntimamente ligada o desdibujada con algunos postulados de la IDM. Aunque ha sido (y sigue siendo) uno de los grandes de la IDM actual, su propia parte ambiental también ha estado ahí, aunque no de una forma tan presente como la de otros artistas, pero sin duda era un melón que podía abrir en cualquier momento.

En ese sentido, ha sido ahora cuando ha acabado de dar forma e impulsar con varios colaboradores y bellas secciones de cuerda o viento. Lo cual ha dado lugar a notables temas de esa perezosa etiqueta que llamamos ‘neoclásica’. Sin embargo, obviamente no solo hay instrumentación clasicista, en no pocas ocasiones durante el disco va aparejada a esa identidad IDM propia de su trayectoria, haciendo que el álbum tenga temas muy sugerentes y no una simple apuesta por el ambient con melodías lineales y algún aderezo para acompañar. El resultado podría ser una especie de cruce con Nils Frahm, por lo que en definitiva este nuevo trabajo es un disco interesante, con momentos elocuentes y temas que si bien nunca acaban en la melodía vitalista y exultante de la explosiva IDM del productor inglés, la fusión de ambas caras será de buen agrado para sus acérrimos. Quizá menos para el seguidor del Clark tradicional, pero no deja de ser un notable disco en estas coordenadas sonoras.

Durante 16 temas, Clark se pase por sendas inexploradas hasta ahora, con piezas de instrumentación de la mano del gran Oliver Coates con los impulsos de su último disco en ‘Lovelock‘, minimalismo para destacar la belleza de lo analógico, hasta temas de atmósfera más comunes como ‘Citrus’ o ‘Suspension Reservoir‘, ciertamente también con una reminiscencia casi cinemática que puede venir de estos últimos años. Sin embargo, siendo esta la parte que quizá puede chocar más al despojarla del frenetismo y el músculo al que nos ha acostumbrado estos años, era difícil que un productor como él, tan dado a piezas de un ensamblaje de requiebros, ritmos rotos y unos paisajes coloridos como los crean pocos, diera un portazo repentino a toda esa mochila. Así que aunque no está en su formato más exuberante, el inglés lleva esos terrenos melódicos, muy contenidos, a estas estructuras más cercanas al minimalismo, lo ambient y la música de cámara. De ahí nacen híbridos como ‘Lambent Rag‘, donde salta a relucir ese sonido marca de la casa; cohibido, sí, pero con un disfraz nuevo. Otro ejemplo podría ser la preciosa ‘More Islands‘, donde brilla esa tonalidad suya aunque en bajas frecuencias, pero que demuestran su sensibilidad a la hora de producir y cómo a pesar de apostar por un proyecto tan diferente a pesar de estar muy emparentado con la IDM, aprovecha todo su acervo para otorgarle su distinguible e indudable manufactura.

Como ha pasado con otros como Daniel Avery, un caso muy elocuente, es lógico que artistas que apuestan por estructuras más contundentes o de sonidos más vigorosos, prueben con propuestas más mínimas —fue el caso también en su momento de Actress—. En la segunda mitad hay momentos más nítidamente drone como ‘Aura Neura‘, también destacable o ‘Already Ghosts‘, con la clásica atmósfera gruesa, pero sin duda es en el punto medio de la neoclásica y la melodía de Clark filtrada, donde el disco se hace más interesante. Si bien es cierto que no ha acabado de ser esa simbiosis la que más haya explotado en Playground In A Lake, lo que hace en varios pasajes acabe en puntos comunes que tampoco resultan mucha novedad. Su sello está ahí, pero no siempre sale a relucir al máximo. Eso sí, a modo de ese trabajo más introspectivo, de sonido más personal, esta nueva producción tiene alicientes importantes, sobre todo para la parroquia neoclásica. Visto así, después de una carrera de adrenalina y frenetismo, no está mal cerrar un disco con los diez minutos de ‘Life Outro‘. ¿Que se esperaba más u otra cosa? La dura vida de las expectativas.

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