Somos muchos los que opinamos que Parachutes es el mejor disco de Coldplay. Entre ellos, hay no pocas personas que ahora aborrecen el grupo en el que los de Chris Martin se han convertido. Y queda más o menos claro que todos esperábamos más (bastante más) de Viva la Vida….

Pero ¿tanto cambio ha habido en el grupo? ¿En serio este disco era el único lugar al que podía llevar la evolución de Coldplay? ¿Sufren bloqueo creativo? ¿Han pensado demasiado Viva la vida…? En este post, rastreamos la trayectoria de la banda en busca de pistas que nos digan si, efectivamente, se han convertido en un grupo totalmente distinto o si ya en su debut había canciones que indicaban que el camino a seguir era el que ahora pisan.

Cuando Coldplay editaron su debut, en el año 2000, y pese a que en sus entrevistas nunca se negaban la posibilidad de ser una banda de rock masiva, su sonido apuntaba a otras cosas.

Parachutes no era ni rock adulto, ni épico ni nada por el estilo. Sólo 10 canciones intimistas, tímidas y tocadas por la sencillez. En tiempos en que las bandas comenzaban a complicarse más y más la vida, en el momento en que Radiohead se bajaban del carro del rock con Kid A, los ingleses abrían su debut con una delicadeza extrema: Don´t Shiver es un susurro, su batería casi parece tocada con escobillas y sus punteos de guitarras sonaban a Echo & The Bunnymen sin la necesidad de sonar grandiosos.

A lo largo de todo su debut, Coldplay iban dando esquinazo a todas las malas tentaciones: ni rastro de U2, ni rastro excesivo de canciones para tocar mientras el público saca los mecheros y sólo algún que otro subidón eléctrico (el comienzo y el estribillo de Shiver, youtube) rápidamente cortado para volver al calor del hogar. Parachutes es un disco para oír en la intimidad: adolescente, de los de habitación cerrada y pelos de punta. Es una obra hermosa que, en algunos momentos remite hasta alguien tan poco ampuloso como Elliot Smith (Spies, Sparks).

Quizás, viéndolo ahora, todo la dicotomía de la banda se reduzca a las dos caras de Parachutes. Hasta Yellow (incluída o no), Coldplay muestran una posibilidad como grupo. A partir de Yellow, está la otra cara: la del rock de grandes estadios. Ésa es la faceta que van a desarrollar más adelante: a partir de A rush… los temas lentos ya no serán baladas, sino baladones. Y los rockeros ya irán descaradamente en busca de la emoción.

Ojo, por aquel entonces todavía funciona: In My Place es una gran canción. Clocks también. Grandes en todos los aspectos. Pero la cosa empieza ya a no parecer tan sincera. Ahora o dramatizas tanto como ellos y adoptas pose de “yo contra el mundo” o sus canciones ya no parecen tan buenas. Y lo que se dice acariciar, pocas te acarician ya: te golpean y te dejan noqueado, pero no te dan mimos.

En X&Y, ya todo está claro: de los primeros Coldplay, de los del comienzo de Parachutes, no queda casi nada: en su disco de 2005 todo tiene que ser grandioso, espectacular, inmenso. Los subidones de guitarras tienen que sonar fuerte, la voz de Chris Martin ha de ser más lastimera que nunca. Sus temas ya no se cantan, sino que se corean con lágrimas en los ojos. El problema de esto es que, si no te lo crees, no hay manera de entrar en el álbum.

Y, siendo sinceros, hay pocas canciones del álbum que resistan la comparación con las de su debut: las melodías suenan más tópicas, apenas hay sorpresas dentro de cada tema y dan más ganas de hacer air guitar con los guitarrazos de Parachutes que con los de X&Y. Eso por no hablar de que el piano de Trouble es mucho más emotivo que el de Fix You (aunque cuando está Star Wars de por medio… youtube).

En cualquier caso, el disco es una opción válida: a ellos les hace definitivamente masivos, así que ¿quién les enmenda la plana? Lo difícil es buscarle sucesor. Porque después de estirar la fórmula del rock épico hasta el límite, ¿cuál es el siguiente paso? Pues perder el norte en busca de un nuevo estilo. Porque Coldplay, en Viva la Vida, han buscado la fórmula de no ser ellos mismos, pero sin dejar de componer las canciones. Y eso es tan difícil cuando te has acostumbrado a hacer lo mismo durante mucho tiempo que no podía salir nada bueno.

Y, efectivamente, Viva la Vida es un mal disco, que les deja a medio camino de todo y al que se le nota, mientras lo escuchas, que ha sido todo un quebradero de cabeza para el grupo. Ahora, a Coldplay sólo les quedan dos opciones válidas: o perpetuarse en sus canciones épicas, pese a saber que por ahí no van a encontrar nada realmente novedoso, o ir dando tumbos hasta que la musa les dicte cuál es el nuevo camino (y que logren sentirse cómodos). Porque la otra opción es la de desaparecer, pero no veo yo al grupo con muchas ganas de dejar escapar al público.

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