Construir discos en torno a estados de ánimo, por Alice In Chains

Cuando el hilo que vertebra un disco es más que un sonido


De discos que nos ponemos -casi exclusivamente- para cuando estamos en un estado de ánimo muy concreto hay ejemplos a patadas. Ejemplo, discos para una ruptura. De discos hechos desde un estado de ánimo muy concreto también hay toneladas de muestras. Ejemplo, discos de rupturas (con alguien o consigo mismo).

Vayamos a otra cosa distinta a la que he estado dando vueltas mientras escuchaba Rainier Fog (BMG, 2018), el sexto disco de unos Alice In Chains -el tercero después de la muerte de Layne Staley, que si no lo pones en todas las reseñas del disco te pegan- que no esperaba me fueran a suscitar cuestiones mientras escuchaba un nuevo trabajo suyo en pleno 2018. Aunque quizás las cuestiones no vengan tan a cuento del propio disco y más de mi cerebro de tarado.

El caso es que todos tenemos claro qué compone a un disco de Alice In Chains y, sobre todo, a qué va a sonar. Ese sonido es pura marca de la casa que ha recibido poca alteración a lo largo de más de 30 años de carrera, con la excepción de sus EPs y su directo acústico. Pero aún con las diferencias sonoras en las excepciones que he mencionado, el toque Alice In Chains se mantiene intacto porque su seña de identidad no es sólo un sonido característico, es un estado de ánimo.

Sí, podemos detenernos en cómo integraban ese metal pesado, con dejes sludge, al grunge del que fueron unos de sus mayores exponentes, de los juegos vocales del cantante principal con Jerry Cantrell, el combo melodía-músculo de la instrumentación. Pero la clave de hacer un disco de Alice In Chains está en saber moverse alrededor de sus pilares emocionales: angustia existencial, teenage angst y frustración. Todo esto tiñe su sonido, sus composiciones y su forma de tocar, y logra que todo lo que percibimos en sus canciones suene tan personal.

Rainier Fog muestra a una banda fiel a esos pilares fundamentales. Eso, por supuesto, los hace menos interesantes en cuanto a lo que son capaces de ofrecer creativamente, pero probablemente sea la clave para que un disco suyo a estas alturas suene tan convincente, tan auténtico y hasta fresco.

El propio Cantrell comenta que la clave para él siempre es que la música te transmita una determinada energía y una experiencia compartida. Manteniendo el foco en los que son sus señas y en sus puntos fuertes, logran que sigamos sintiendo esa energía cuando suenan cosas como ‘The One You Know’, ‘Red Giant’ o ‘So Far Under’. Todo sigue siendo puro Alice In Chains y todo sigue funcionando como debe. Y todo articulado en torno a un estado de ánimo prolongado durante 53 minutos.

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