Hay dos maneras de entender los recopilatorios: la que simplemente trata de poner las mejores canciones de una banda en un mismo disco o la que trata de convertirlos en un objeto casi fetichista, dando nuevas visiones sobre el grupo y aportando sorpresas para seguidores habituales y nuevos métodos de enganche para los no conversos.

Hay dos formas de entender los discos con orquesta: la de quienes simplemente (y como dice Joan Miquel Oliver, compositor de los mallorquines Antònia Font) se dedican “a hacer un disco acústico con cuatro violines por detrás y la de quienes adaptan todas sus canciones a un lenguaje musical totalmente distinto del que dio origen a los temas.

Juntando ambas cosas, Antònia Font, uno de los grupos menos obvios del panorama estatal, han decidido ir por el camino menos trillado para dar a luz a la primera retrospectiva de su carrera. Así nace Coser i Cantar, un disco con muchas de las mejores canciones del grupo arregladas para que la Orquesta de Bratislava las interpretase de nuevo. Y aunque el experimento es genial, no siempre funciona.

Coser i Cantar, el experimento pop

Sinceramente, cuando oí hablar de este proyecto por primera vez, me esperaba que Antònia Font convirtiesen sus temas en las canciones pop que Pascal Comelade nunca ha querido hacer. Tan juguetones y siempre tan dispuestos a mirar a la infancia como el pianista, los mallorquines eran capaces de eso y más. Pero mi deseo sólo se ha hecho realidad en momentos muy determinados. Por ejemplo, en la preciosa Mecanismes que abre el disco, convertida en canción de baúl de los juguetes.

Coser i Cantar es un disco con muchas cumbres, pero que, cuando falla, trastoca las virtudes de canciones ya de por sí perfectas. En general, quienes más acusan el cambio son los temas de Alegria, porque Antònia Font optan por esconder los brillos primaverales y festivos de aquel disco y darles un tono mucho más solemne (Alpinistes-samurais es de las que más sufre).

Ojo, que esto no siempre acaba mal. De hecho, en temas como el maravilloso Dins Aquest Iglú se prescinde por completo de la esencia pop de aquel tema inolvidable, pero la solemnidad no le resta ni una pizca de emoción a una canción eterna. O la propia Alegria, que ahora podría formar parte del Mediterráneo de Serrat, quizás justo después (y como contraste) de Pueblo Blanco. Igual ocurre con Robot.

De hecho, son todos los requiebros de canciones que ya se conocían, incluso los leves patinazos que algunas sufren, los que hacen más valioso el experimento y confirman a Antònia Font como un grupo vital, de ésos que una vez que te entran al corazón, nunca se te van.

Sí, soy fan de ellos y no puede ser de otro modo cuando uno mira cómo hacen honor a la letra de Tokio m´es igual y la transforman en banda sonora de una secuela de Cinema Paradiso. O cuando electrifican el colchón sobre el que reposa Bamboo, mucho mejor aquí que en la toma original. O la delicadeza jazzy en la que envuelven a Amazons a Sa Lluna.

Del tirón, Coser i Cantar es un disco que acaba pesando demasiado. Pero con las 20 canciones separadas en dos partes se convierte en una experiencia muy recomendable y en una gran puerta de entrada a un universo lírico con el que desearás aprender catalán (o mallorquín o lo que sea) y comprender todos los juegos de palabras y requiebros de los que Joan Miquel Oliver llena sus canciones. Cada párrafo y cada verso tienen mil lecturas, juegan con los sonidos y los significados y eso es algo que pocos (Chinarro el ejemplo más claro) saben manejar bien por aquí.

Si ya Batiscafo Katiuscas, en una genial reinterpretación, hubiese cerrado el disco, esto se hubiese quedado en el sobresaliente. Aún así, notable muy alto.

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Antònia Font - Coser i Cantar
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