Da 5 Bloods: Hermanos de armas

Tras un rato avanzado de la película, Spike Lee recupera un recurso que ya empleó en Miracle at St. Anna: el grupo de soldados negros de repente escuchan una transmisión enemiga que les recuerda que están luchando en una guerra que no les pertenece. Dando la vida por un país que no respeta dicha vida y oprime de manera sistemática a los que son como ellos. Allí eran los nazis en la Segunda Guerra Mundial, aquí son los vietnamitas en la Guerra de Vietnam y comunicando la muerte de Marthin Luther King.

La noticia de dicha muerte afecta profundamente a los soldados, que claman revelarse y matar en la otra dirección, pero el general, interpretado por Chadwick Boseman, llama por no dejar que manipulen su ira. No disiparla, sino tenerla bajo control. No dejarse llevar, pero no olvidar. Los soldados entonces muestran una unidad que peca por su ausencia conforme se desarrollan los hechos del presente.

El grupo de veteranos que seguimos a lo largo de Da 5 Bloods: Hermanos de armas ya no portan la misma hermandad y camaradería de la guerra. Cada uno de los personajes va desvelando a lo largo del camino algo que han estado ocultado al resto. Pero su separación también está presente desde el inicio con el marcado carácter republicano (no sólo conservador, sino beligerante partidario de Trump) del personaje de (un brillante) Delroy Lindo. Spike Lee nunca se ha mostrado acobardado en explorar las tensiones dentro de la comunidad negra, en las diferencias casi irreconciliables, como era el caso de La marcha del millón de hombres.

El objetivo les une, pero hay una tensión cada vez más palpable que siempre mantiene la distancia entre sus protagonistas, y hace que el largo viaje mantenga siempre el interés. Y parecía complicado, ya que sus dos horas y media de duración nos parecía vaticinar un Spike Lee desatado, aprovechando las flojas ataduras creativas que impone Netflix a sus directores estrella para hacer más de sus típicas desviaciones y divagaciones. Por supuesto, Lee le gusta separarse de la trama para introducir algunas reflexiones que, aunque interesantes, igual se separan del conflicto que interesa, pero es menos de lo esperado (y de lo habitual). 

De hecho, todo lo introducido suena pertinente y cada pequeña idea o decisión que prueba enriquece la película. Quizá suena especialmente pertinente por el momento vivido en Estados Unidos: marchas contra el racismo sistemático y los abusos policiales, sensación de hartazgo y pasiones encendidas hasta el extremo. Las reflexiones de Lee sobre el racismo, sobre la unidad perdida, resultan oportunas y clarividentes. Todo esto, además, pasando por las habituales tesis sobre la guerra (especialmente sobre Vietnam) que cabrían esperar al seguir la historia de un grupo que vuelve al país en el que lucharon. Esa sensación de que la lucha no acaba resulta poderosa en estos momentos.

Pero más allá del texto, el nuevo “joint” de Lee es un viaje enriquecedor y estimulante, ya que nos muestra al director explorando nuevas vías de expresión sin renunciar a sus señas de identidad. Es difícil no disfrutar de ver al director abrazando el clasicismo épico de un David Lean o de films como El tesoro de Sierra Madre. El juego con las imágenes, desde la relación de aspecto al grano de la imagen, contribuye espectacularmente a dar un perfecto armazón al film, permitiendo que dejemos pasar que los mismos actores se interpreten a sí mismos de jóvenes sin llegar a disimular demasiado su edad, ya sea con maquillaje o con CGI rejuvenecedor (que los personajes se recuerden a sí mismos con un aspecto similar al actual deja otra tesis interesante en el tintero).

Suena peligroso cuando directores como Martin Scorsese o el propio Spike Lee, con algunas tendencias peligrosas en su vejez que a veces hacen peligrar sus films (se puede ver en algunos ejemplos recientes), de repente se topan con una libertad total gracias a Netflix. Pero al final les ha salido cara a todos, y gracias a ello podemos disfrutar de otra obra esencial de uno de los directores afroamericanos más imprescindibles. Y una película que ya puede considerarse entre los mejores Netflix Originals.

Spike Lee, casi al mismo tiempo que Run the Jewels, han encontrado una perfecta intersección entre arte alucinante y mensaje profundamente pertinente. Tremendo combo para pasarse 2020.

Subscribe
Notify of
guest

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

0 Comments
Inline Feedbacks
View all comments