I’ve got this feeling

Almost all of the time

I’ve got this feeling

Like this feeling ain’t mine

La magia de Dan Deacon es su manera de dibujar puentes entre lo naturalista y lo sintético. De conectar la intangible sensibilidad pop con la finísima ingeniería electrónica. Y esos puentes de sonido están llenos de colores, de deliciosas imágenes que sólo existen en el mundo de la abstracción, pero parece que los puedes tocar y oler mientras estás escuchando. Es por ello que no se puede hablar de discos como America en otros términos que no sean documental sonoro.

Su magia también reside en su manera de tocar el existencialismo en las letras sin que sea un contraste extremo entre el ritmo frenético y colorido de su música. «I walked off / Sat by a tree / It had captured my attention / When it started asking me / What would you cast into existence / If you contained the persistence to unwind / I find it’s on the telly / What are they trying to sell me?» canta en ‘Sat by a Tree‘ y podría sonar a algo que se dijese en una peli de Terrence Malick, no en la rave que está montando. Pero funciona, porque Dan Deacon es de verdad.

Al mismo tiempo, no se regodea en la miseria, siempre hay una aspiración optimista, siempre hay un deseo de plenitud personal en las letras que evita caer en la autoayuda barata. Cuando le oyes decir «I fell into the ocean / I fell asleep for days and days and days / And I became an ocean / I became the sand, the sun, the waves» en ‘Fell Into the Ocean‘, con una voz más Wayne Coyne que nunca, te lo crees y te dan ganas de montar tu propia rave de colorines en la montaña. Y que se sumen las cabras también.

Las imágenes son evocadoras, los sonidos finamente escogidos y perfilados. Mystic Familiar es el enésimo ejemplo de cómo Deacon encuentra la belleza cogiendo diferentes elementos y hacer que choquen continuamente entre ellos. El resultado es energizante y también hermoso. Molón y, a la vez, reposado. Frenético y atmosférico. Moderno y rural. Estar mal pero también estar bien. De estar secuenciando pepinazos con experimentación hipervitaminada, de colar una suite a mitad de disco con más arte que nadie, y de volver a parir canciones en las que quedarte a vivir. Por eso, Dan Deacon ha vuelto a marcarse un pelotazo.

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