Danny L Harle – Harlecore

Playing the piano, playing the piano, all day night, all day night, playing the piano, playing the piano, all day night, all day night, Banging it, banging it the piano (tatatatatara). ¿Cómo acaba el hijo de uno de los integrantes de la banda de Michael Nyman haciendo hardcore? Pues joder, cosas generacionales, como ha sido siempre. Ya lo decía Bob Dylan en The Times They Are A Changing. En pleno empacho de ambient por la pandemia y por cantidad de puntos comunes que saturan desde hace años, uno de los precursores de la PC Music, Danny L Harle, pasa por encima de todo para volver al estado eufórico de la Gran Bretaña ácida y ravera. Pero en espíritu, porque musicalmente su propuesta es algo varios años posterior: una misión de salvamento al hardcore aunque desde el plano más melódico y pitufero que representaban las Pont Aeri, Scorpia y compañía. En otras palabras, un rescate en cierta forma a la makina. A aquel sonido catalán que venía como derivada de la (¿mal llamada?) Ruta del Bacalao y que después volvió a bajar por todo el arco mediterráneo para implantarse allí y en otros puntos del país. Un trabajo con distintas colaboraciones en el que utiliza el pseudónimo de Ocean cuando lo hace con Caroline Polachek, Mayhem cuando lo hace con Hudson Mohawke y Boing con su compañero en PC Music, Lil Data.

Inesperada y grata vuelta al pasado

Por qué es importante Harlecore (Mad Decent, 2021) parece tener una primera respuesta fácil. Su rescate a gran parte de las escenas británicas de baile, pasando por el fenómeno rave, el movimiento PC Music y el UK Bass, hacen que sea una apuesta casi segura, porque recoge toda la parte de desbarre —vamos a decir casi inherente a los ingleses— y exceso que tanto han marcado en muchas de esas coordenadas sonoras. Por la otra, un debut de pura euforia tras un año de mierda, también en Reino Unido, que recoge ese espíritu juvenil de necesidad de volver a la pista de baile, a la fiesta, a compartir sudor en un festival o en un antro roñoso. Harlecore reúne muchos de esos pepinazos que hacen que te subas ahora por las paredes, que te tiran de la silla, que Playing the piano, playing the piano, all day night, all day night, playing the piano, playing the piano, all day night, all day night, Banging it, banging it, banging it the piano.

Un usuario corriente y moliente de Rate Your Music decía en sus palabras sobre el disco venía a ser algo así como un himno patriótico para su país. No es de extrañar. Además de esta pandemia que se ha llevado de nuestro tiempo y que ha robado un año de su juventud a quien debería haber estado quemándola un jueves, un viernes o un sábado cualquiera, se puede sumar todo a la montaña rusa británica con el Brexit, tan inestable como el pelo de Boris Johnson o sus ocurrencias coronavíricas. Hastío sobre el hastío.

Pero es un argumento solo válido en parte. Harlecore puede suponer momentáneamente esa pastilla eufórica de la que un inglés vuelva a sentirse orgulloso por toda la trayectoria gloriosa de baile del país. Pero, en efecto, el debut de Danny L Harle no ejerce solo de un pequeño #MakeUnitedKingdomGreatAgain, podría ser ahora mismo la banda sonora de medio planeta encerrado sin poder bailar. El baile liberador, el éxtasis para recuperar esa parte perdida. Harlecore es por momentos la patria de muchos. Y no solo de ese espíritu UK, también el retorno al estertor de la makina, el regreso de las cantaditas, de esos Pont Aeri, Scorpia y las voces de helio que a pesar del pitufeo se han convertido en himnos colectivos no solo de aquellos que lo vivieron en sus plenas carnes, también de quienes lo han conocido y vivido después. Hay mucho de todo esto en el debut del productor inglés. Una lección francamente bien aprendida, la virtud de juntar esos excesos y embutirlos en pistas cortas de gran explosión, de zapatilla, de auténticos bangers, teclados dance 90s y 00s, reminiscencia progressive y esa versión más suave del hardcore —que sí, también ha tenido sus momentos de vuelta aquí en algunas capitales— que hace veinte años podía ir aderezadas de los chándales cuando no eran un elemento performático, y cuando el que no tenía las Art, se pillaba la imitación con suela de cuatro centímetros.

Eufórico y talentoso pastiche

Una auténtica vuelta a la juventud para los que la han tenido paralizada desde hace un año, para los que la vivieron en su plenitud hace algunos años más, y también para esos que ya no son millenial, porque todo el mundo necesita su momento de euforia, éxtasis y hedonismo. Harlecore es un estado de ánimo que tiene en su parte central un pasaje que es pura gloria. Obviamente desde ese sencillo pero efectivérrimo ‘Piano Song‘ de coordenadas dance, hasta ese helio de ‘Dou You Remember‘ para corear, pasando por el tradicional bombo brutote de ‘All Night‘ o esa perlaza casi electrohouse que es ‘Take My Heart Away‘ que rápidamente te engancha con el lalala. Todo está minuciosamente construido con los prototipados de ayer, el sonido progressive —palabra que con toda justicia habías olvidado—, el título hedonista de los temas o esos «Dj Danny» en medio…

Una conexión directa al hipotálamo con una etapa de baile muy concreta, pero que fuera de esa parte central recoge los autotunes de rollete urbano de hoy, frenetismo PC Music de la que es precursor, UK Bass y pastiche de R PLus Seven de Oneohtrix en ‘Boing Beat‘. De verdad, un disco fascinante, un auténtico mejunje del que es difícil escapar, quizá precisamente porque roza ese toque casi autoparódico, pero le sienta muy bien ese exceso, que por otra parte también es cosa de nuestros días en propuestas locas y brutales como la de Amnesia Scanner. Y aunque la propuesta pueda parecer un buen ejercicio de nostalgia, hay talento detrás, como se ve en el detalle de ‘Ti Amo (feat. MC Spirits)‘, un homenaje que traza la línea que pasa por el dance europeo de Gigi d’Agostino hasta Scooter, metiendo de fondo las cuerdas de Golden Brown de The Stranglers. Maravilla.

En plena vuelta de todo, del ambient, de la música de gasolinera, del hartazgo general de todo, y de gente teorizando desde la cueva cosas que en absoluto son nuevas, pues claro, tenía que volver también el hardcore. Aunque sea en esta versión casi millenial que tampoco es nueva. No está todo inventado, y la electrónica nos lo muestra cada poco tiempo aunque parezca que quedan pocos géneros que fusionar y experimentación que tocar en los márgenes. Pero siempre hay interpretaciones atrevidas y diferentes. Y en esta época que nos ha tocado vivir, en la que la pandemia nos ha robado una parte de la juventud, nace esta joyita casi paródica hasta en su portada. Un pastiche de hardcore millenial que hasta en ‘Shining Stars‘ hace sonar ese put your hands up in the air del Virtual DJ. Lo que hace otra vez que uno reflexione sobre esta parodia, homenaje o lo que sea que es Harlecore. Quizá solo la clásica nostalgia producida por alguien que no vivió esa época. En toda esta mierda, este disco de Danny L Harle nos ha trolleado, nos ha rickrolleado, nos ha cortocircuitado la cabeza. Un disco que nadie se podía esperar. Verás cuando lo escuche su padre.

Playing the piano, playing the piano, all day night, all day night, playing the piano, playing the piano, all day night, all day night, Banging it, banging it, banging it the piano

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