Deerhunter — Fading Frontier

Deerhunter - Fading Frontier
Deerhunter - Fading Frontier

El inconformismo definía a Deerhunter. Bradford Cox, consciente de las limitaciones de todos los lenguajes con los que ha experimentado durante años — de la psicodelia al Dream Pop, pasando por el Garage noctámbulo y el pop deconstruido con elegancia — jamás se ha dado un segundo de respiro. Si Microcastle (4AD, 2008) imponía el canon a seguir cada vez que cualquier banda se introducía en las melodías oníricas entre el Post-punk y el Jangle Pop, Monomania (4AD, 2013) arrasaba con lo anterior. Se sacudía los estigmas, los complejos y el aburrimiento, y ponía todo patas arriba optando por una producción sucia, canciones que se acercaban al Country y motocicletas, chupas de cuero y gafas de sol en un bar nocturno.

Este y no otro era su atributo principal, el motivo por el que se habían posicionado en la primera fila de la escena internacional. Deerhunter eran una constante caja de sorpresas, un grupo al que apetecía conocer en su próxima reencarnación, porque, hasta entonces, todas ellas se habían saldado con una envidiable capacidad para producir excelentes canciones. ¿Sonido Deerhunter? Sólo una abstracción: era inexistente. A estas alturas de texto, cualquier lector habrá adivinado la idea que sigue a continuación: todo eso ha tocado a su fin en el mucho más conservador Fading Frontier (4AD, 2015), no un paso atrás en la mente inquieta de Bradford Cox, sí una racionalización de la innovación. Fading Frontier es el sonido Deerhunter, para bien y para mal.

El principal atributo de Deerhunter en ocasiones anteriores, la innovación, la incapacidad de repetir plato, ha tocado a su fin en Fading Frontier, su trabajo más conservador

Para bien: el disco, el sexto de su carrera, cuenta con al menos dos de sus cimas, tanto en lo convencional como en lo experimental. Por un lado, ‘Breaker’, primer dueto de Bradford Cox y Lockett Pundt. Como es habitual, Cox ha mantenido el control creativo en la banda, pero aquí la alargada sombra de Pundt, cuyas composiciones siempre se desmarcaban como algunas de las mejores en cada trabajo de Deerhunter, es más evidente que nunca. R.E.M., por supuesto, pero también Echo and The Bunnymen y el Paisley Underground. Del estribillo insuperable, clásico pero bordado, al hoy inexplicable ejercicio Funk de ‘Snakeskin’, la versión optamos-por-la-pista-de-baile de Monomania. Es sexy, tiene groove, tiene flow, se sale por los cuatro costados del disco y tiene todo lo que Fading Frontier podría haber sido. Y es una isla en medio del océano.

Para mal: exceptuando ‘Snakeskin’, nada de lo que Deerhunter han incluido en Fading Frontier es algo que no nos hubieran contado ya. Son canciones bien hechas, es cierto — ‘Living My Life’, ‘Carrion’ — , pero no son canciones excitantes. Cox ha recurrido al mismo lenguaje que ya había explorado hasta sus límites en Microcastle. Aquí ni siquiera tenemos la descomposición psicodélica que define a Halcyon Digest (4AD, 2010), ni el delicioso golpe retro de sus momentos más accesibles. Sólo son buenas canciones, que no es poco, pero no interesantes. Por cada ‘Leather and Wood’ hay un ‘Sailing’, y por cada ‘Duplex Planet’, un ‘The Missing’.

¿Dónde ha ido a parar ‘Snakeskin’? Es un tema fabuloso, pero también es una isla, un camino que Deerhunter podrían haber escogido y que queda aislado en composiciones mucho menos ambiciosas, ancladas en un sonido familiar y comodón

De ahí que, ahora sí, Deerhunter hayan asentado los límites de su propia sonoridad. Al menos por el momento. Ni siquiera cuando Cox opta por salir del guión, aunque sea levemente, resulta original: ‘Take Care’ no sólo arrebata el título a una canción de Beach House, sino también su espíritu y forma final; ‘All The Same’ se reblandece tanto que termina resultando tan inofensiva como una canción de Real Estate. ¿Qué ha pasado, Bradford? ¿Dónde ha ido a parar ‘Snakeskin’? Tema fabuloso, sobrevive aislado en un mar de composiciones correctas que, a ratos, se miran excesivamente en sí mismas. Deerhunter era un grupo fascinante y con nervio, atrevido e incontestable, y Fading Frontier les coloca en un estadio terrenal.

¿Ha influido el grave accidente que Cox sufrió el pasado año? Es evidente que ha supuesto un papel central en la temática del disco, más luminoso tanto a nivel sonoro como a nivel lírico — ‘Breaker’ es un ejemplo estupendo de ello — , pero es difícil saber hasta qué punto. Como se apunta aquí, Fading Frontier parece antes una maniobra encaminada a conquistar el espacio que va desde los límites de la exposición mediática de la escena alternativa hasta la gloria masiva de las estaciones de radio. Es cierto, muchas de las canciones de Fading Frontier podrían sonar al lado de las de R.E.M. o Tom Petty. Eso no es malo per sé, pero, y he aquí otra de mis objeciones, Cox tampoco se ha lanzado al AOR de forma descarada. Lo hace con timidez, sacrificando el aspecto más interesante de su música sin llegar a abrazar el otro — imaginemos a Cox componiendo auténticos himnos de estadio, impunemente horteras — .

En definitiva, Fading Frontier aparenta ser un paso en falso, la sombra de la incertidumbre que asola a un grupo que, hasta la fecha, lo había hecho todo bien y con un sentido grandioso. No es un mal disco, hay que insistir — no-es-un-mal-disco — y tiene un puñado de canciones que entrarán por derecho propio en cualquier resumen de su carrera, pero es un trabajo tibio, conservador, estancado. Fading Frontier se parece a ese exnovio con el que te acuestas porque no has encontrado nada mejor: un deja vú febril que jamás satisface a alguna de las partes. Rutina, cómoda y decepcionante rutina.

6.5/10

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Deerhunter - Fading Frontier
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