Devin Townsend – Empath

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«It’s not actually the best, but it’s definitely the MOST movie of 2018». Esta frase condensa bien el lúdico y delirante espectaculo que es una película como ‘Aquaman‘ (James Wan, 2018). Una película en la que pueden suceder con total naturalidad cosas como un pulpo tocando la batería, una mujer con un vestido hecho con medusas o que de repente suene una versión de Toto hecha por Pitbull, en uno de los mayores ejercicios carentes del menor sentido de la vergüenza que se han podido ver de una película de alto presupuesto. Y hay que amarla por eso (y por mucho más).

Que Devin Townsend haya conseguido el estatus que posee no ha sido únicamente por su enorme capacidad creativa (que también), sino también porque no se lo ha pensado dos veces en acometer cualquier delirio o locura que se le ha pasado por la cabeza, en otro ejercicio puramente desvergonzado . ¿Hacer disco conceptual de un alien adicto al café que quiere invadir la tierra? Palante. ¿Cuatro discos de forma sucesiva que van del rock progresivo experimental, el metal pesadete, el new age o un pop guitarrero retorcido? No veo por qué no. Y eso son sólo unas pocas muestras.

Sin embargo, no puedo evitar pensar que algo de eso se perdió un poco por el camino al terminar de petarlo y le ha llevado a tomar menos riesgos y jugar el juego sin salirse demasiado de las reglas, quizá por miedo de acabar quemándose a sí mismo. Y aunque puedo reconocer cierta efectividad en un disco como su Transcendence (InsideOut, 2016), no puedo evitar sentir cierta frialdad mientras lo escucho, como si el propio Townsend se hubiera conformado con haber concretado hace tiempo las cuatro esquinas de su particular universo sonoro y descartase la posibilidad de salirse de ahí. No pude evitar sentir que la viabilidad creativa del Devin Townsend Project ya se había agotado.

Parece que el propio Townsend lo vio así y en estos tres años posteriores no ha sacado nuevo material de estudio, quizá a modo de un merecido descanso que le revitalizara y le llenase de ideas. Y ya desde que suena un tema como ‘Genesis‘, donde se van colando diversos maullidos de gatos entre el torrente de guitarras y coros sin justificación alguna -pero tampoco vergüenza-, vemos que ese descanso le ha venido de maravillas.

No es casual, diría, que Empath (InsideOut, 2019) sea el primer trabajo que Townsend firma con su propio nombre, sin el añadido de Project, en más de 10 años. La base que compone el álbum sigue siendo ese metal progresivo épico, vigoroso y pelín hortera (pero horterismo bien), pero la esencia del mismo recupera el espíritu más Townsend de retorcer los sonidos e incorporar otros totalmente aleatorios por el mero hecho de probar a ver qué sucede.

Se podría argumentar que no todos los experimentos son exitosos, especialmente cuando hace tantos y tan excesivos a lo largo de una hora y cuarto de duración del disco, pero no hay ni uno que no resulte interesante o no llame la atención. Townsend es capaz de jugar con todos los límites, bordeando casi la incomodidad o el esperpento, para forzarnos a reaccionar y no dejarnos indiferentes. Y es algo que se echaba de menos.

Porque además Townsend sigue mostrando que, cuando clava el experimento, es capaz de tocar la gloria. Quizá no haya mejor muestra de lo vivo que puede estar un artista que un tema como ‘Why?‘, tan libre como deslumbrante. Una prueba de fuego que te pone contra la pared y te obliga a posicionarte. O lo compras o huyes sin mirar atrás. Igual con un tema de cierre de 23 minutazos absolutamente loco.

No tengo del todo claro que sea uno de los mejores discos que he escuchado este 2019, o siquiera si es de los mejores de Devin Townsend, pero sí que es el disco más Townsend que ha sacado en mucho tiempo, y eso siempre es de celebrar. Errático e imperfecto, sí, pero muy divertido y estimulante de escuchar. Y me quedo antes con este Townsend que con uno correcto, pero acomodado.

Nota:

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