Discos que escuchar antes del fin del mundo: The Birthday Party — Junkyard

Quien tenga la ocasión de ver una grabación en directo de The Birthday Party tendrá una idea clara de lo que era capaz de hacer esta banda sobre el escenario: un espectáculo inenarrable de unos tipos que tocaban como si no hubiera un día después. Las huestes punk australianas comandadas por Nick Cave encajaban en varias escenas, incluida la gótica, mejor dicho, after punk, habiendo sido teloneros de los mismísmos Bauhaus en la gira de Mask.

Nick Cave en la caverna antes de su comienzo con The Bad Seeds

Pocos reivindican hoy, o se acuerdan de The Birthday Party, pero es tan buena ocasión como cualquier otra para acercarse al segundo álbum de estos todoterreno que formaban Tracy Pew (bajo), Roland S. Howard (guitarra), Mick Harvey (guitarra) y Phill Calvert (batería).

Nick Cave desgarrando su voz, convirtiendo palabras y frases en sonidos guturales, arropados por guitarras cavernícolas y una sección rítmica con fama de killer. Punk, blues, rock & roll, incluso post-jazz es lo que nos encontramos en este disco, antesala de la disolución de una formación que aunaba el poderío de los Stooges de Fun House con la libertad e imaginación desmadrada de Captain Beefheart en Trout Mask Replica.

Todo en The Birthday Party estaba desorbitado. La imaginería creada por Nick Cave arrumbada por unas letras que contenía mucho de blasfemia, sadismo o brutalidad, les convirtieron en auténticos outsiders, unos tipos peligrosos que dominaban el ruido como pocos. Todo ello estallaría meses después como una explosión desintegradora.

Y tres décadas después Junkyard sigue sonando transgresor, como si estas canciones feistas no albergaran nada bello. Y quien lo catalogó como inaudible no llevaba razón, en su interior hay bastante más melodía de la que nos contaron: ‘Several Sins’ es un claro ejemplo. Eso sí hay que tener la mente bien abierta y los oídos dispuestos a caos y decadencia como la de ese blues antropófago que es She’s Hit o ese blues apocalíptico y blasfemo que es ‘Big Jesus Thrash Can’.

Y en este disco se manifiesta claramente que contiene un cancionero mucho más free y definitivo que su debut, Prayers on Fire. Y en directo canciones como ‘Dead Joe’, ‘Hamlet (Pow, Pow, Pow)’, ‘Kewpie Doll’ o ‘6″ Gold Blade’ crecían como si una espuma incendiaria se hubiera adherido a ese sonido convertido en engrudo.

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