Drahla – Useless Coordinates, crítica: en los límites del post-punk y lo experimental

Hace unos días escribía en el especial del indie rock cómo cuesta en la actualidad encontrar propuestas de discos buenos, tanto de indie rock propiamente como de otro derivados del underground, de quienes tocan varias ramas. De uno de los grupos de los que hablaba era Drahla, formación inglesa que ha venido en los últimos años publicando singles y epés de interesante sonido, a mitad de camino entre el post-punk y algo de experimentación y no wave, un inequívoco peso de Sonic Youth que no se puede obviar. Algo que se refleja de forma muy explícita en su debut en largo, de este año: Useless Coordinates (Captured Tracks, 2019).

Sonic Youth por bandera

Después de esas varias referencias, que algunas ya escondían un potencial importante, con este debut han perfeccionado su propuesta, metiendo incluso un saxofón —el último grupo de la esfera indie con saxo que recuerdas es Morphine, también trío—, que suele llegar en las partes de mayor experimentación, que son más características de la no wave de la que tanto se influenciaron Lee Ranaldo y Thurston Moore; el sonido de sus guitarras, el juego en los trastes de final o principio de mástil está muy presente. Y sobre todo, no sólo eso, sino el peso de Kim Gordon.

Una influencia inevitable e integral que afecta a toda la banda. Empeznado por Luciel Brown y el tono de voz y la forma de cantar, a menudo con ese toque más de spoken word o de rabia, según el registro, hasta el bajo de Rob Riggs, con líneas bastante uniformes pero poderosas, como las ejecutaba Gordon. Aunque es reminiscencia más explícita recae sobre Brown, una forma de afrontar el papel en un grupo de hombres por parte de una de las mujeres más influyentes y poderosas del underground americano, y que ha dejado posos en la vocalista de Drahla, que le imprime bastante personalidad al grupo. Junto a la coraza musical, ese saxo y acordes atonales y erráticos, hay una seductora parte de experimentación que luego contrasta con la parte más independiente o de art-punk. La formación apuesta por un sonido relativamente primitivo, en sintonía con letras abstractas, salvo algunos casos en los que hablan de cuestiones de género, con críticas a la clasificación según al que se pertenezca.

Una propuesta de corte más experimental

Curiosamente, se trata de otro grupo de este año que en vez de tirar por el post-punk hooligan de los últimos años, tan inglés (Eagulls, Protomartyr, Holograms…), o por el bajo suicida canónico, prefiere acercarse más a posicionamientos de experimentación no wave y art-punk —como han hecho por ejemplo Black Midi en todo lo que tocan en su debut—. El resultado, algunos temas más normales dentro de la esfera independiente como ‘Gilded Cloud‘ o ‘Primitive Rhythm‘, aunque ya se ve ese sello tan kimgordoniano, pero también pasajes más complejos con ritmos cortantes, spoken word y experimentación guitarrística como los que hacen acto de presencia en ‘React/Revolt‘ o ‘Serotonin Level‘.

Una experimentación que tiene ese toque exótico del saxofón en ‘Pyramid Estate‘ con un bajo, vocales y una fuerza seca a lo E —el proyecto de Thalia Zedek de Come— que aportan tensión y ritmo vertiginoso, para más tarde dejar paso a más ejercicios claros de influencia Sonic Youth en ‘Twelve Divisions of the Day‘ con esos duetos chico-chica, las guitarras distorsionadas y un bajo aguerrido. Una parte final de álbum muy disfrutable, que conecta con una parte del post-punk más elegante, talentoso y por momentos nostálgico —a su manera— de la década de los 2000 en ‘Unwound‘ e ‘Invisible Sex‘, mirando indirectamente a The Organ.

Se trata por tanto de un notable debut, que deja ver claramente las cualidades que tiene el grupo y cuan aprendidas está la lección en el espacio de todo lo que va desde el art y post-punk hasta el indie rock. Sin embargo, las referencias son tan obvias que el disco se dirime en esa fina línea entre la inspiración llevada al terreno propio y la hagiografía sonora. Quizá, viendo el potencial, emprender unos caminos algo más despegados de trucos tan propios del mítico grupo norteamericano, puede ser una buena opción para salir de esa línea peligrosa para la creatividad. No obstante, ni hacer algo tan clavado es sencillo, ni que lo hagan tan bien significa que deban tirar de automático, porque ahí fallar sí es fácil. Y cuando las formaciones prometedoras tiran de automático, pueden acabar en el saco de la irrelevancia. Hasta que esa coyuntura llegue, de momento a escuchar este puñado de buenas canciones, con estructuras poco habituales en trabajos actuales.

7,6/10