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Dream Theater — Black Clouds & Silver Linings: un sólido regreso

Son muchos años ya viviendo la llegada de nuevos discos de Dream Theater, y la experiencia me advertía que con Black Clouds & Silver Linings me pasaría lo mismo de siempre: que las primeras escuchas me dejarían frío e incluso me decepcionarían ligeramente, pero que con el tiempo, conforme fuera adentrándome en sus numerosas capas, el álbum acabaría haciéndose conmigo. Y aunque estaba sobre aviso, vuelvo a sorprenderme una vez más con lo mismo.

El nuevo álbum de los americanos vuelve a poner a prueba nuestra paciencia, y serán muchos los que le den de lado a las primeras de cambio. En cambio, quienes se atrevan a adentrarse en esta nueva amalgama de solos interminables y progresiones que se encadenan unas con otras de maneras imposibles, descubrirán que se trata de un nuevo trabajo soberbio que sumar a su lista.

Empieza la sesión con ‘A Nightmare to Remember’, uno de esos temas monstruosamente grandes que son marca de la casa, donde una capa superficial de barroca dureza muy al estilo de Systematic Chaos encierra un pasaje mucho más melódico de varios minutos de duración, que deslumbra como hacía tiempo que no lo hacía esta banda. Una excelente apertura, en la que Petrucci narra un accidente de coche que sufrió de niño.

‘A Rite of Passage’ mostró desde el primer momento su condición de single, y como tal se comporta dentro del disco. Apoyado en riffs y coros de corte oscuro, acordes con su letra sobre la francmasonería, y claramente guiado por su estribillo, lo cual no es ni mucho menos la especialidad de esta banda, el tema funciona sin más, pero queda muy lejos de sus mejores adelantos.

El paso en falso de este Black Clouds & Silver Linings lo encontramos en ‘Wither’, una balada que baja a los 5 minutos e intenta resultar inspiradora, pero que conmigo desde luego no lo consigue. No es tan terrible como pudiera parecer por mis palabras, pero palidece descaradamente en comparación a los monstruos que la rodean.

A partir de aquí, ya todo es espectáculo musical. El cuarto corte es ‘The Shattered Fortress’, punto final de la Twelve-step Suite, esa gigantesca obra de ingeniería musical que la banda viene construyendo desde los tiempos del Six Degrees of Inner Turbulence, y que termina aquí de forma excepcional. Es cierto que por momentos es más un medley de los anteriores movimientos de la suite que una canción nueva, pero tiene todo el sentido si lo visualizamos desde un punto de vista global.

De hecho, la también conocida como Alcoholics Anonymous Suite se merece una análisis propio y en profundidad, el cual me comprometo a realizar en las próximas semanas. Mientras tanto, os animo a recuperar los cinco cortes que componen la pieza y a escucharlos todos seguidos, para así poder comprender como es debido este tema que le da fin.

‘The Best of Times’ es la canción más engañosa del disco con diferencia, y posiblemente la que más dedicación requiera para llegar a aceptar y disfrutar todo lo que da de sí. De hecho, entender su significado es un buen primer paso: Portnoy la compuso para su padre, poco antes de que éste muriera hace unos meses, e incluso la interpretaron para él en la habitación del hospital.

Los primeros minutos parecen traídos directamente del Falling into Infinity, y por momentos hasta parece que es Sherinian y no Rudess quien está tras el teclado. Una canción que, a diferencia de ‘Wither’, sí que toca la fibra sensible, y que se culmina con unas progresiones deslumbrantes en sus últimos minutos.

Pero lo mejor se reserva para el final. ‘The Count of Tuscany’ es, de largo, lo mejor que el quinteto ha parido desde el Train of Thought. Su ambiciosa estructura recuerda a la infravalorada ‘Trial of Tears’, pero con personalidad suficiente como para sonar como una pieza única dentro de la discografía de Dream Theater. Una de esas canciones que justifica por sí sola la existencia del disco en que viene incluida, que va directa a la colección de clásicos del metal progresivo.

Como ocurre con todos los discos de Dream Theater, se puede hablar largo y tendido de él, y de todo lo que sus pocos pero duraderos temas encierran. Es cierto que tiene sus puntos débiles, especialmente durante su primera mitad, pero quedan amortiguados dentro de un trabajo que supera claramente a Systematic Chaos, el cual a su vez ya superaba a Octavarium, confirmando así la cuesta arriba creativa en que se encuentra la banda.

8.9/10

Echo en falta eso sí algo de protagonismo por parte de John Myung, quien parece cada vez más encerrado en su patológica timidez. A pesar de ello, estamos ante un disco muy completo, y que viene a demostrar que los seguidores de la banda por excelencia del metal progresivo estamos de enhorabuena, una vez más.

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