El Olé de Coltrane

Ole John Coltrane
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En 1960 España volvía a ser moderna, un país situado a la vanguardia. Con un caudillo enano, de bigote irrisorio y de amplia frente. Mientras a él le endiosaban las pinturas horteras y grandilocuentes de Arturo Reque, en Nueva York descubrían el legado del folclore español a través de trompetas, contrabajos y pianos que cambiarían el Jazz. Era la Third Stream, aquella ola que hizo de la fusión de la música clásica y el jazz un patio de colegio en el que jugar improvisando.

Un lustro antes de que los Beatles fuesen instados a cortarse el pelo frente a la Plaza de toros de Las Ventas en Madrid, Gil Evans y Miles Davis serpenteaban como niños sobre el ‘Concierto de Aranjuez’ de Joaquín Rodrigo. Casi 20 años más tarde de su composición, aquel canto a la naturaleza que cerca al palacio de la localidad madrileña servía como inspiración para romper un género por un trompetista que acababa de publicar su obra cumbre de aquel entonces en Kind of Blue (1959, Columbia).

‘El Amor Brujo’ de Manuel de Falla acompañaba a esta fusión que en los 60 se traduciría en otra etapa del Post-Bop en Miles Smiles (1967, Columbia) y en los 70 la vanguardia seguiría teniendo su compás loco en Bitches Brew (1970, Columbia). España ponía las raíces, Evans y Davis (junto a Teo Macero e Irving Townsend en la producción) la imaginación.

El Olé de Coltrane se entonó dos años después de Sketches of Spain (1960, Columbia). Un grito de alegría y fervor para cerrar una etapa. El trompetista, amigo y rival, le había adelantado con ventaja y volaba libre, haciendo y deshaciendo formaciones de estrellas, entre las cuales Coltrane tenía su sitio para algunos proyectos al tiempo que empezaba a destacar por su cuenta. A finales de los 50 y los primeros años de los 60 Prestige, Blue Note y Atlantic daban la alternativa a este talento que en 1961 Impulse! sabría llevarse hacia su nuevo sello, para, a mitad de los 60, dejar su huella en el atemporal A Love Supreme (1965, Impulse!). Antes había que compartir inspiración y cariño por España.

La despedida de esta etapa coincidía con el salto de casa, solo dos días antes de Olé Coltrane, producido por Nesuhi Ertegun, este ya estaba pensando en su nuevo viaje, grabando su álbum Africa/Brass (1961, Impulse!). La fusión de la Third Stream evitaba cualquier límite, y África se colaba en el mensaje. Fuerza e intensidad retratada en la cara B de este Olé con ‘Dahomey Dance’ y ‘Aisha’ junto a McCoy Tyner como autor y pianista. Reggie Workman y Art Davis asentaban el ritmo con sus sendos contrabajos, densos y contundentes.

La tradición se daba cita en el tema homónimo, solitario en la primera cara. El saxofón soprano parecía hipnotizar a la serpiente folclórica que salía de ‘El Vito’, esta vez sin voz ni guitarras. El hechizo de la flauta de Eric Dolphy recuerda la herencia árabe, con la que Coltrane se bate a duelo en distintas partes mientras el piano de Tyner y la batería de Elvin Jones van aumentando la tensión en este baile figurado, de vanguardia y fusión, de sonidos ajenos a lo esperado, un cruce de miradas que por momentos mantienen los registros más bajos, generando un suspense de bajos arañados en los que van entrando pequeños hilos agudos que quieren recuperar la alegría, la claridad y la pasión que estallará en este Olé lejano a una realidad que, mientras, se vestía de desgracias en su tierra natal. La modernidad nacional estaba fuera, moldeada por otros en registros con los que llegaban la diversión y puntos y aparte para unas carreras sin límites. Este Olé no necesitaba de corridas ni de plazas, solo de sentimientos.

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