viernes, septiembre 18, 2020

Alice in Chains – Dirt: el wordreference de las drogas

No es extraño que Dirt sea el disco más aclamado por la crítica en un grupo como Alice In Chains, que no es que fuera demasiado bien considerado por ocupar el lado más hard de la faccion grunge. Porque, aún siendo un disco de excesos, es también el que consolida la atmósfera de la banda, el que mejor define la esencia de Alice In Chains y ése en el que mejor se conjugan la voz de Layne Staley con los textos torturados de Cantrell.

Dirt es un disco que, por encima de cualquier otra cosa, duele. Si te metes en su terreno y evitas observarlo desde una falsa montaña de objetividad, es un álbum con el que lo mismo te lames las heridas que les echas más sal.

Es la obra de un yonqui que sabe que nunca dejará de serlo y al que, por encima de todo, no le gusta verse en el espejo. O, mejor dicho, un disco de alguien que utiliza la música para no tener que mirar su reflejo.

Estar en el sitio apropiado cuando eres el bicho raro

Era sólo el segundo disco de los de Seattle, pero Alice in Chains sabían que era ya todo o nada: nunca iban a tener una situación tan favorable, con el contexto del éxito rotundo de Nirvana destrozando la industria mainstream, las multinacionales queriendo su propio pedacito de la tarta (a ellos les fichó Columbia) y la maquinaria promocional abierta a su sonido, que venía muchísimo más del metal que del indie-rock o del noise, al contrario que Nirvana.

La aprovecharon, aunque seguramente eso fue lo que acabó destruyendo vitalmente a Layne. Dirt vendió más de cinco millones de copias en todo el mundo, llegó a estar el sexto en Billboard 200 (con su sonido, con su atmósfera… a ratos parece irreal) y tuvo una colección de singles inapelables.

“Póntelo alto que si no, no se oye nada”

Teníamos 13 años, así que nos tomábamos el pelo, pero de la advertencia del colega que me pasó su copia de Dirt al poco de salir me acuerdo perfectamente: “en el inicio del disco póntelo bien alto, que si no no vas a escuchar nada”. Y así, con auriculares, me senté, el volumen casi al máximo, y le di al play: la fiereza de ‘Them Bones’ me pasó por encima, los gritos de Layne y la ola de guitarras y base rítmica cayendo a plomo me borró por completo. Seguramente me cagué en mi amigo, pero eso no lo recuerdo tanto como la inolvidable sensación de escuchar del tirón un disco que invocaba infiernos y horrores, pero casi con tonos melancólicos.

Los esquimales tienen mil palabras para decir nieve y Layne Staley 200 millones para drogas

Dirt es un album sobre drogas. Si no sabes ni pío sobre la jerga anglosajona que se utiliza para los bajones, los subidones, la heroína, las sobredosis y otro tipo de efectos secundarios, tranquilo: esto es mejor que el WordReference, el Urban Dictionary o que, en otros tiempos, el Collins.

En trece canciones, Alice in Chains dieron con la clave de mundo: angustia, depresión, muerte, suicidio, yonquis, amor y odio, sentir y odiar, ‘hate to feel’. Lo que tan bien había ejemplificado en Facelift, su debut, esa brutal ‘Love Hate Love‘ ahora lo resume ‘Down in a Hole‘: quizás la balada que mejor define la desazón existencial del grunge. Sin cinismos ni poses: un agujero de ‘angst’, un grito existencial en forma de “baladón con muro de sonido”.

Muro de sonido. Siempre que oigo los discos de Alice in Chains pienso en cómo trataron las guitarras. La producción de Dirt las hace sonar abigarradas, como si además de miedo a todo lo que ya hemos comentado (a la vida, en resumen) el grupo sufriese de horror vacui. Sólo así es posible un disco que empieza con los gritos de ‘Them Bones‘ o que tiene una canción como ‘Rain When I Die‘, lúgubre y que merece mucho más crédito del que habitualmente se le ha concedido.

El éxito de la capa escondida

Lluvie, muerte y… éxito. Si Alice in Chains no fueron despreciados por gran parte del mismo público que los había conocido gracias a Nirvana (pese a sus notables y obvias diferencias) fue porque también había en ellos un cierto aroma pop. Sólo en segundo plano y sólo debajo de esa primera capa hard, heavy, pero existía. El gancho indudable de Dirt fue ‘Would?‘, que aprovechó también el tirón de entrar en la BSO de ‘Singles’, pero hasta ‘Godsmack‘ y otras canciones con un aroma menos ‘radio-friendly’ también escondían enganches para todos los públicos.

Fueron la actualización de lo que sientes en los primeros minutos del debut de Black Sabbath para un público al que Black Sabbath ya le empezaba a quedar algo lejos. Como los cuentos se transmitían de generación en generación, con cambios pero manteniendo la esencia, también así lo hace el hard-rock.

Dirt es, en mi opinión, el mejor disco de Alice In Chains. Completo, sin apenas fisuras, con temazos para usar como bandera y lanzado, además, en el momento justo (algo que, en general, comparte con la mayoría de las obras magnas del grunge, que salieron en el momento en que tenían que salir y no más tarde o más pronto de lo que debían). Pero, por encima de todo, es un disco capaz de crear sensaciones, estados de ánimo, y aunque no sean los más “agradables”, ésa siempre es una cualidad importantísima.

Podría decir más, pero no lo voy a hacer: aquí un fan de este álbum, de su sonido, de su producción de sus canciones y de su portada. Y punto.

Alice In Chains en Hipersónica

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2 months ago

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