Especial Los Planetas: Pop

En 1996, Los Planetas se encontraron en la primera de sus encrucijadas. Su carrera había pegado el estirón con Super 8 y ya eran considerados “El Grupo” entre gran parte del público indie. Contaban además, con el apoyo de la prensa musical, especialmente de una Rockdelux que siempre les ha tratado con cariño. Eran, en definitiva, la gran esperanza blanca de la independencia española, el grupo que debía abrir una cabeza de playa en las listas comerciales y en las radiofórmulas más convencionales.

Pero ese papel convencía bastante poco a los granadinos. Tenían en su mano un puñado de canciones con capacidad para llegar muy lejos y lo sabían, pero no estaban cómodos en su nueva situación: subieron el nivel de bordería en sus encuentros con la prensa (con soflamas y pancartas contra Los 40 Principales, incluso), la buena marcha de sus conciertos empezó a estar muy ligada a sus excesos en el backstage, en sus vídeos invitaban a apóstoles de la serie B como Jess Franco y, por encima de todo, sacaron Pop, un disco que consiguió enfríar la marea y mantener a los incondicionales.

El disco que no pudo sonar

Porque Pop, aunque tenía en su haber 11 canciones que hacían honor a su título, se trabajó de tal manera que fue imposible que sonara en ningún lugar. Para RCA, compañía del grupo, fue todo un toque de atención: “hacemos lo que nos da la gana”. Y aunque hoy en día pueda parecer un disco fallido, lo cierto es que en su día no lo fue: mantuvo gran parte del misterio de Los Planetas y dejó otro puñado de canciones para siempre.

Hay quien dice que la culpa de que Pop no suene amable es culpa de la producción. Y lo cierto es que el primer encuentro del grupo con Kurt Ralske fue problemático. El productor vino a España a grabar en los estudios Red Led y se encontró con una banda a la que aún se podía manejar y dirigir, incluso aunque ellos quisieran creer que no. Así que el sonido de Pop, muy afilado, con demasiadas aristas para canciones que quizás no deberían haberlas llevado (ése era el deseo de RCA), no satisfizo a nadie. Sin embargo, la relación no fue mala, puesto que Los Planetas y Ralske repetirían dos años después, en Una Semana en el Motor de un Autobús.

Además de que el grupo aún no sabía exponer su idea de disco a un productor, estaba otro problema: Los Planetas comenzaban a tener serios problemas para ser “un grupo”. Paco dejó la batería justo antes de grabar Pop y por él entro Raúl Santos, pero no llegó a tiempo para todas las canciones, así que tuvo que ser Erik, entonces aún junto a Lagartija Nick, quien cogiese las riendas en siete canciones de las once que tiene el disco. La gira la hizo Raúl, pero tampoco duró mucho más. Y poco después de Pop, May dejaba la banda. Parece una tontería, pero no lo es: May era casi un símbolo y aún hoy lo sigue siendo para los que estuvimos en los primeros tiempos del grupo. Cuando aparecía sobre el escenario y se daba la vuelta para tocar de espaldas, cuando se ponía aquella camiseta de 8… Casi cualquier gesto de May era una seña de identidad de la banda, mucho más que los de un Jota aún demasiado tímido dentro y fuera del escenario.

Parte de lo que fui

Pero volvamos a Pop. Tengo que admitir que, sentimentalmente, éste es mi disco de Los Planetas. Más que cualquier otro, aunque algunos sean mejores. Fue el que rayé de tanto escucharlo, el que tuve que volver a comprar, el que hizo que buscara todos los singles, todas las rarezas, todas las canciones perdidas. Y sé que no soy el único al que le pasó. Hablando en plata, Pop es un disco generacional: de ésos que si te pillan en el momento determinado, se convierten en parte de ti. De aquellos que te hablan de tu vida como si tú hubieras escrito las letras. De los que luego, al cabo de los años, duele escuchar, porque hay demasiados recuerdos, demasiada vida en sus canciones.

Claro que no es un disco de sobresaliente. ‘Ciudad Azul’ no llega a ser esa dulzura psicodélica que promete; ‘Ondas del Espacio Exterior’ baja el listón; y lo de ‘Aeropuerto’ (goear) tuvo mucho delito: asesinaron en disco una de las mejores canciones de toda su carrera. Pero cualquiera de los defectos se supera de sobra con otras cosas: con el zumbido centelleante de los teclados en ‘Una nueva prensa musical’; con la emotiva ‘Jose y yo’ (otra de esas canciones que tenías que escuchar una y otra vez para sacar la letra); con la ironía sangrante del título de ‘Himno Generacional #83’ (también con su música); o con el ritmo velvetiano y la letra sexual y adolescente de ‘La máquina de escribir’.

Todas esas canciones tienen tanta vida propia que acababan por conquistarlo todo. Pero, además, Pop tenía dos grandísimas canciones de amor: ‘David y Claudia’, la que debería haber entrado en listas y no lo hizo por su peculiar producción; y ‘8’ . ¿Qué decir de ‘8’? Si en aquel momento estabas enamorado, era imposible resistirte a ella. Si no lo estabas, deseabas que llegase el momento para poder dedicar aquella letra a cualquiera.

Lleva encima sólo la sábana
y por la ventana entran ya
algunas luces y parece aún más dulce,
y los rayos aterrizan en su espalda.
No saldría nunca de la cama.

Y las nubes en el suelo,
y el color de este cuarto,
y las cosas que le tengo que decir.
Dejará que esté con ella
dejará que esté a su lado
pues eso es suficiente para mí.

Porque, y ése es otro de sus éxitos, las canciones de Pop eran las que siempre querías grabar en un cassette a la chica/chico que te gustaba. Yo lo hice, pero no me funcionó: en aquel momento Los Planetas no gustaban a la “gente normal”.

Lo repito: el segundo disco largo de Los Planetas fue disco generacional. Si estuviste allí en el momento en qué apareció, seguro que hoy te da igual que te digan que es uno de los más flojos. Incluso que la propia banda lo piense.

Pero ya vale, tengo que quitarlo de mi cadena musical: Pop se me viene encima.

Discografía de Los Planetas

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