Metallica – Metallica (The Black Album, 1991), crítica: más grandes que la vida

Metallica (1991) The Black Album

Los cuatro primeros discos de Metallica fueron relativamente fáciles de comentar. Son sus grandes trabajos de los 80, los que les encumbraron a la cima del metal con su desbordante sonido y los que todos los fans reconocemos como los imprescindibles de su discografía. Sin embargo, ahora es cuando la cosa comienza a ponerse difícil.

Entrando en los 90, el thrash ya había logrado por fin un éxito comercial de envergadura. …And Justice for All fue el primer disco de los californianos en entrar en el top ten de Billboard, logrando la certificación de platino nueve semanas después de su lanzamiento, y los trabajos que otras bandas del género publicarían al principio de la década recibirían similar reconocimiento.

A pesar de esta excepcional coyuntura, cuando Hetfield, Ulrich y compañía se metieron al estudio en octubre de 1990 para la grabación del que sería su quinto álbum, en sus mentes planeaba algo bien distinto. Su disco homónimo, también conocido como The Black Album, diría adiós al thrash metal, estilo del que los californianos fueron los principales creadores.

The Black Album, vientos de cambio para Metallica

Se trató pues de una jugada arriesgadísima, que vendría marcada por profundas dicotomías, en muchos casos contradictoras. Así, no deja de resultar llamativo ver cómo el primer disco de Metallica que podríamos considerar puramente heavy metal, fue al mismo tiempo el último gran álbum de la banda. Es un grandísimo trabajo que siempre será recordado por las grandes canciones que nos dejó, pero que también lo será por dar el pistoletazo de salida para el giro del cuarteto hacia sendas más comerciales que tan criticado ha sido en años posteriores.

A pesar del evidente cambio estilísitico, su éxito fue rotundo e inmediato, siendo el primer lanzamiento de la banda en alcanzar el número uno en la lista de ventas de Billboard, y llegando a cosechar la friolera de 15 discos de platino. Esto le convierte en el vigésimo quinto álbum más vendido de la historia en Estados Unidos, además claro está de ser el trabajo de Metallica del que más copias se han despachado.

Ello no lo convierte, al menos bajo mi punto de vista, en su mejor disco; no obstante, se trata de un gran trabajo, a pesar de sus inconsistencias. Y aquí vuelven a hacerse patentes las dicotomías de las que antes hablaba, pues el álbum negro puede dividirse claramente en dos por sus temas inolvidables, y por aquellos que nunca debieron ser grabados. Este hecho produce que la calidad de sus canciones por separado sea superior que la del conjunto.

Las canciones inolvidables

De hecho, entre los temas de facturas más brillante, se encuentran algunas de mis canciones favoritas, ya no sólo de esta banda, sino de todos los tiempos. El mejor ejemplo de ello nos lo da ‘Enter Sandman’, la oscura interpretación del Señor de los sueños y los terrores nocturnos es sin duda uno de los temas más exitosos y reconocibles de la banda. Fue la segunda canción para la que grabaron un videoclip, tras haberse estrenado en el elepé anterior con ‘One’.

Como podemos ver, la velocidad punta y los riffs atronadores de los discos anteriores han desparecido. Los temas, con tempos más bajos y progresiones más interesantes, se hacen claramente más accesibles a la mayor parte del público, algo no del todo bien recibido por muchos de sus seguidores. Quien quería que siguiesen editando cimas thrash tuvo que darse cuenta en este disco negro que eso se había terminado. Y la crítica no dudó en encumbrar a este disco, y a canciones como ‘Enter Sandman’. Y aquí tenemos una nueva situación bipolar.

Otro buen ejemplo de lo que supuso una composición más abierta a toda clase de oyentes, y que, sin embargo, no significó una pérdida de calidad, lo representa la archiconocida balada ‘Nothing Else Matters’, esa que tantísimos grupos han versionado, y que prácticamente todo aquel que empieza a tocar la guitarra se dispone a aprender.

No, no es la mejor balada del cuarteto americano, pero sí la más celebrada, y nadie puede negar la enorme belleza que posee. Frente a la longitud a la que se habían ido muchos temas en …And Justice for all, y también frente a otras de sus canciones lentas previas (como ‘Fade To Black’), en ‘Nothing Else Matters’ nos encontramos con una canción que sabe cómo contenerse y que se aleja de las imágenes que habían dominado la estética de Metallica. También se aleja, además, del habitual truco de baladas heavies de abrasar las guitarras en los crescendos. Aquí, Metallica se apoyan, sobrios, en una sección de cuerdas que funciona a las mil maravillas y en un mensaje muy simple: si encuentras algo que merezca la pena, quédate ahí, a su lado.



No todo el monte es orégano

Por desgracia, esa majestuosidad de ‘Enter Sandman’ o ‘Nothing Else Matters’ no se mantiene en todo el disco, ya que como apuntaba antes, no todo el monte es orégano. Aunque son los menos, hay entre los cortes del disco conocido como Metallica una serie de temas verdaderamente infumables, y que rompen por completo el buen ritmo general.

Estoy hablando de canciones como ‘Don’t Tread on Me’, que nunca ha sido interpretada en vivo por la banda, ‘My Friend of Misery’ o ‘Holier Than Thou’, de las cuales lo mejor que puede decirse es que sirven para hacer que las canciones muy buenas (como ‘Of Wolf and Man’) o simplemente medio buenas (como ‘Sad Bad True’) resalten aún más.

¿Empañan esos borrones la sensación final? No: el disco homónimo de Metallica, también conocido como el Black Album por su austera portada, es una colección de canciones muy notable. El problema quizás sea ese: que hasta entonces Metallica siempre habían construido discos rotundos, sólidos bloques de piedra en los que esculpían obras maestras del thrash en las que, si quitabas una canción, el conjunto siempre perdía.

Y aquí no: aquí si extraes canciones, el disco hasta mejora. Siempre, claro, que no te cargues las gloriosas. Por ejemplo, vayamos hasta el tercer single del disco, ‘The Unforgiven’, la poderosísima balada que cuenta con uno de los mejores videoclips grabados por Metallica y que es casi la cima de este Black Album.

Tal como explica Ulrich al ser preguntado por ella, la intención de la banda era “crear algo nuevo con la idea de balada”, así que en lugar del verso melódico estándar y los coros heavy, la banda optó por invertir la dinámica, presentando versos pesados y distorsionados junto a coros suaves y melódicos. El resultado es una canción tan emblemática que ha llegado a recibir hasta dos secuelas, una en ReLoad, y otra en Death Magnetic.

Quedan pocas dudas de que este es el último gran disco de la banda… hasta la fecha. Un trabajo de enormes contrastes, donde lo mejor y lo peor de Metallica se unen para conformar un álbum de ruptura con el pasado y que ha sido tan criticado como ensalzado. ¿Acertó o no el cuarteto con el cambio? Bueno, cada uno tendrá su propia respuesta para eso. Sea como sea, todo cambió.

Repaso a la discografía de Metallica

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