20 años cumple S&M. Lo ha hecho, además, viendo cómo Metallica grababan la segunda parte de un proyecto que siempre vieron y pensaron como la manera de reinvidicar una discografía que, en 1999, ya era larga y, además, ya había sido puesto en duda.

La apuesta fue por todo lo alto: sacar un doble álbum en directo acompañados por la Orquesta Sinfónica de San Francisco. Si viajásemos en el tiempo y se lo contamos a cualquier fan de la época Thrash del grupo, posiblemente se lo tomaría a broma y nos mandaría a la mierda con razón. Pero lo que a priori pudiera parecer un desastre acabó dando vida a uno de los mejores álbumes del grupo y el homenaje perfecto a un legado que, ya en su momento y más hoy, no deja de crecer.

Dos sesiones, cien músicos: megalomanía controlada

El éxito demoledor de S&M no es sólo conseguir rendir a los pies de Metallica a un montón de gente que no era aún fan del grupo. No es tampoco que sus canciones no quedarán sepultadas por su acto megalómano (cien músicos más Metallica). Ni siquiera haber creado una especie de subgénero de disco (luego repetirían esto los inefables Kiss en Symphony: Alive IV, con la Sinfónica de Melbourne).

No, el principal éxito de S&M es conseguir que el grupo hiciese brillar los matices de muchas canciones que habían surgido en un terreno muy, muy diferente al de ser tocadas junto a una orquesta filarmónica. Recordemos que, especialmente, los cuatro primeros discos del grupo eran juventud y velocidad, ambas en extremo. Metallica no querían (o no parecían querer, luego la verdad siempre es diferente) matices, querían pasarte por encima.

Así que, en un parto contra natura, en dos sesiones grabadas el 21 y el 22 de abril de 1999, el grupo se enfrentó a un reto totalmente impensable para ellos… y triunfó.

S&M podríamos colocarlo con una rara avis dentro de la discografía de Metallica pero en verdad es un grandes éxitos con una orquesta dirigida por Michael Kamen, que también se encargó de escribir el libreto con los arreglos de los temas para esta singular formación.

Es un directo de esos que apetecería decir «yo estuve allí y fui protagonista de aquel irrepetible momento» en el que James Hetfield, Kirk Hammett, Lars Ulrich y Jason Newsted, que dejaría la banda en enero de 2001, ofrecieron un lavado de cara a un repertorio de canciones que cronológicamente iban de Ride The Lightning (1984) a ReLoad (1997).

Un doble compacto que incluía dos temas nuevos, ‘No leaf clover’ y ‘Human’, unas migajas para llevarse a la boca aquellos fans que se sintieron un tanto defraudados con Load y ReLoad. Aunque si tienes la oportunidad lo recomendable es que vayas directo al DVD de este S&M, un doble disco con sonido 5.1 en el que además del concierto íntegro puedes disfrutar de un documental sobre la grabación y otros jugosos extras.

Los Metallica con más matices

Desde sus primeros compases, con esa intro de Ennio Morricone, ‘The ectasy of gold’, tan del oeste, S&M avisa que el trabajo con Michael Kamen va a añadir muchos matices a las canciones del grupo. Es el preludio para que la banda se ponga manos a la obra en un tracklist y hacer ‘The call of Ktulu’, un densísimo instrumental inspirado por un relato de H.P. Lovecraft, el maestro del horror.

Y después Metallica comenzó una increíble exhibición de clásicos y otros que no lo eran tanto pero que, a partir de entonces, lo fueron. S&M es el disco que da entidad a toda la discografía del grupo, que la reinvidica ante cualquiera que le pusiera dudas. Canciones que ya eran grandes, como ‘Master of puppets’, se hacen aún más: es una de las joyas que cayeron en esas noche en las que la banda dejó claro a qué altura estaba en ese momento. Es decir, en la cumbre del metal internacional.

Pero pasa también con temas más recientes como ‘Fuel’, que en mano de los Metallica de 1999 y de sus compinches de la Orquesta Sinfónica de San Francisco son un verdadero trallazo. Lo mismo que ‘The memory remains’, levantando el pie del acelerador unos instantes para hacer ‘Hero of the day’, una balada que empataron con el acerado medio tiempo ‘Devil’s dance’ y la preciosísima balada, ‘Bleeding me’, que con los arreglos de cuerda subraya aún más su intimidad.

Eso en cuanto al primer compacto. El segundo está preñado de grandes éxitos de Metallica. Empieza con otra balada, ‘Nothing else matters’, quizás el tema que más reforzado sale de todo el concierto, sin un rasguño, monumental, inmenso. No les quedó nada mal tampoco ‘Until it sleeps’, un tema poderosamente épico que la orquesta se encarga de enfatizar.

No falla nada, tampoco ‘Wherever I may roam’ y ‘The Outlaw torn’, que parecen haber sido escritas para interpretarlas con una gran orquesta. Aunque ‘One’ es uno de los puntos álgidos de esta segunda parte del recital. A esta famosísima canción Kamen y Metallica le dieron una pátina inicial de misterio e intriga. Una power balada inmortal.

‘Enter sandman’, otro clásico de Metallica puesto al día y con el público entregadísimo, marca la recta final de este recital que cerraron con un ‘Battery’ ciertamente apoteósico. Es, no nos cabe duda, uno de los mejores directos de la música popular de la década de los noventa y una obra que reinvidica a Metallica como el grupo enorme que son.

Discografía de Metallica

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Antonio Soto
Antonio Soto
1 year ago

Obra maestra. Golpe de autoridad en la mesa del metal. Un artículo muy acertado.

Ismael Echedo
Ismael Echedo
Reply to  Antonio Soto
8 months ago

Totalmente de acuerdo. Hizo historia de la más grande del rock