Especial Rage Against the Machine – Evil Empire (1996): contra las críticas, la rabia y la técnica que apabulla

Rage Evil Empire

Puestos a buscar, no se me ocurre mejor ejemplo que Rage Against The Machine para ejemplificar el divorcio entre gran parte de la crítica y el público rock. Mientras los de Zack de La Rocha han sido amados incondicionalmente por sus seguidores e incluso apreciados por los que no eran fans, pero sí cercanos a su concepción musical del mundo, gran parte de la prensa musical más erudita aprovechó en su día cada ocasión que podía para mofarse del grupo.

Después de la sorpresa del disco debut, que pilló a muchos con el pie cambiado y las defensas bajas, esos críticos esperaron la llegada del segundo álbum de la banda con los cuchillos afilados. Y tiraron por lo básico: a los grupos rock siempre se les acusa de monolitismo de falta de evolución (tonto paradigma ése el que dice que los grupos han de evolucionar a lo largo de su carrera para ser buenos). Y a los grupos políticos, siempre se les echa en cara sus incoherencias.

Partiendo de la base de que me resulta curioso que un redactor de unos medios tan insertados en el sistema como son los musicales trate de convencernos de que se puede hacer algo al margen del sistema, no soporto las acusaciones de incoherencia utilizadas como arma arrojadiza. Creo que nadie tiene una trayectoria social intachable (salvo que sea, desde su nacimiento, un anacoreta), por lo que me parece que las armas esgrimidas contra el rock político siempre cojean del mismo pie que los grupos a los que acusan.

Ante la difícil papeleta, defensa numantina

En cualquier caso, hablamos de música y ya antes de que editarán su segundo disco, Rage Against The Machine tenían una difícil papeleta que resolver: superar su primer disco, pero sin contar con el factor sorpresa. Ante eso, o te lanzas a la piscina de la experimentación o te mantienes en tus trece, pero en plan defensa numantina. RATM optaron por la segunda opción: construyeron, con los mismos mimbres que en su debut, un disco que buscaba aún más el sonido rocoso, la solidez, el muro de sonido.

Vaya por delante que pienso que ningún disco de la banda está a la altura del primero. En Evil Empire, en varias ocasiones y a pesar del apabullante sonido, uno echar a faltar lemas, slogans, algo a lo que agarrarse. Ganchos de ésos que antes sobraban. Quizás el problema sea ese, que antes eran muchos. Ahora se intenta, pero no se acierta siempre. Sí en ‘Revolver‘ (con sus dinámicas calma-furia), no en ‘Without a Face‘ (donde Zack se acerca más que nunca al fraseo old school). Etc…

El disco casi calca la estructura del debut. Sin embargo, esas sensaciones no implican que el segundo asalto de RATM sea despreciable. De hecho, si nos vamos a la interpretación, al cuidado puesto en cada canción, está incluso por encima del debut. Brilla, por encima de todos sus compañeros, un Tom Morello en estado de gracia: lo que hace en ‘Down Rodeo o en ‘Wind Below‘ es exhibicionista, sí, pero también imaginativo. Sus guitarras pintan las canciones de la banda de una paleta de sonidos que pocos han podido imitar en el ámbito del rock duro.

Cito esas dos canciones como ejemplo, aunque donde realmente brilla todo el grupo es en otras como Year of Tha Boomerang o el imponente single Bulls on Parade. En la primera, llegada desde la banda sonora de ‘Higher Learning’ , de John Singleton, las guitarras histéricas de Morello apuntalan el discurso de Zack de La Rocha sobre ese boomerang escolar que te devolverá cuando eres adulto lo que recibiste cuando eras niño.

En Bulls On Parade, De La Rocha vuelve a conseguir otro grito-slogan efectista, sí, pero también tremendamente efectivo: “They rally round the family / With a pocket full of shells. Además, Morello vuelve a lucirse, no sólo con su wah-wah, sino en un puente en el que hace scratch sobre las cuerdas de la guitarra. ‘Bulls on Parade’ es magnífica, a la altura de las del debut, o incluso superior a varias de ellas. Un gran single, un gran video, una muesca más del grupo inapelable que podían ser RATM.

¿Pueden RATM concebir un grower?

Cierto: a Evil Empire le faltan más canciones de relumbrón. Y puede que la escritura de De La Rocha sea propagandista y esquemática. Incluso doy por válido que este disco apabulla más que convence, al contrario que lo que ocurría con el debut de la banda. Es, ay, un grower, cuando Rage Against The Machine son un grupo creado en torno a la idea de pasarte por encima. No nos imaginamos una apisonadora a la que le digamos «buah, cada vez que te miro me gusta más como alisas el suelo».

Desde luego, Evil Empire era el disco perfecto para que comenzase la noche de los cuchillos largos. Pero, teniendo en cuenta que las propias relaciones internas de la banda siempre han sido complicadas y que cuando lo grabaron llevaban casi tres años sin tocar juntos, aún me sorprende que fueran capaces de sacar algo tan tan, notable. Además, aquí está People Of The Sun, una de mis debilidades personales.

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