Especial RATM: Rage Against the Machine (1992), el álbum en que todas sus canciones son la mejor canción del disco

Rage Against The Machine (1992)

Ahora de vuelta, Rage Against the Machine han sido uno de los grupos más influyentes de la década de los noventa, intentados imitar por muchos después que ellos, pero jamás igualados.

En el repaso que nos proponemos hacer, la primera parada es obligada: este Rage Against The Machine, el álbum homónimo de la banda, lanzado en el ya lejano año 1992, un año después de que el guitarrista Tom Morello y el cantante de hip-hop Zack de la Rocha se conocieran y, movidos por unos intereses musicales y políticos similares, se lanzaran a la creación de la banda. Precisamente estas ideas políticas revolucionarias se convertirían en la seña de identidad más clara de la banda, junto a su perfecta combinación de rap y metal.

Rage Against The Machine: contradicciones contra la máquina

Con unas letras tan ardientes como su icónica portada, en la que se puede ver el detalle de una famosa fotografía de los años 60 que muestra a un monje budista vietnamita quemándose vivo en protesta por la represión política que sufría su religión en aquel país, Rage Against the Machine es uno de los álbumes debut más aclamados de todos los tiempos.

A pesar de sus polémicas canciones, varias de las cuales provocaron que la censura estadounidense se aplicara especialmente sobre la banda, un sello como Epic no dudó en encargarse de su publicación, en la primera de las grandes contradicciones de ellos como grupo y de la industria como tal. Sí, amigos, el capitalismo había que subvertirlo desde dentro. El fichaje de Epic se reveló como un gran acierto si tenemos en cuenta que el trabajo alcanzó los tres discos de platino en ventas, cifra que luego sólo conseguiría igualar su sucesor, el Evil Empire.

¿Pero cómo definir el sonido de este discazo para quien nunca lo haya oído? Sin duda, la palabra es rabia, esa misma rabia contra la máquina que les llevó a iniciar el movimiento más políticamente influyente que ha vivido la música contemporánea (o el movimiento más musicalmente influyente que ha vivido la política contemporánea, todo depende del punto de vista desde el que se mire).



Una colección de canciones inapelable

Ya no son sólo las letras, sino la visceral forma de cantar de De la Rocha, los cortantes riffs de Morello y Commerford, y la pesada batería de Brad Wilk, que se compactan a la perfección en diez canciones sencillamente explosivas. Oí definirlo una vez a alguien como “el álbum en que todas sus canciones son la mejor canción del disco”, y lo cierto es que se trata de una frase que se le ajusta a la perfección, pues cada uno de los diez cortes que integran este elepé se han convertido en himnos para varias generaciones de amantes del rock.

Esta la archiconocida ‘Killing in the Name‘, primer single extraído del album, que ejemplifica a la perfección todas las virtudes que hacen de este álbum un auténtico imprescindible de la última década del siglo XX: una base de riffs claramente heavy, un ritmo tan duro como pegadizo (mezcla muy muy difícil de conseguir), esas virguerías de Morello con la guitarra en forma de chirriantes solos que se convirtieron en marca de la casa, y un De la Rocha que desprende mala leche en estado puro por sus cuerdas vocales.

Ese desquiciado «Fuck you, I won’t doy what you tell me» que el cantante vocifera en los compases finales de la canción consiguen encenderte cuando lo oyes, te inflama el pecho con ganas de gritar de rabia ante lo injusta y horrible que puede llegar a ser la realidad del mundo que te rodea. Pura energía hecha música para ponerla al servicio de unos ideales, que pueden o no compartirse, pero que consiguen desatar pasiones igualmente.

RATM en 1992: mucho más que energía

Pero no sólo de energía vive este disco, pues no se trata de simple fuerza desatada sin más, del simple sonido duro que se torna en ruidoso por necesidad, sino que técnicamente el trabajo también alcanza un nivel sublime. El disco combina brutalidad y paisajes oscurísimos, densos, de calma chicha.

De hecho, difícilmente vais a encontrar un equilibrio entre fuerza y técnica más perfecto que el que ofrece este Rage Against the Machine, con una producción tan impecable que da a lugar a que, por muy furiosas que lleguen a sonar las melodías en algún punto, jamás se hagan estridentes ni ratoneras. Un doce en este apartado.

La popularidad alcanzada por este trabajo entre los más diversos amantes del metal y del rock queda fuera de toda duda, y la aparición de muchas de sus canciones en las más diversas producciones así lo atestiguan. Desde el emblemático final de The Matrix, que sin duda no sería lo mismo sin ‘Wake Up‘ sonando de fondo, hasta la inclusión de varios temas en célebres videojuegos como Grand Theft Auto: San Andreas o la saga Guitar Hero.

Por suerte o por desgracia, el furioso motor musical que movía este disco se fue enfriando con los trabajos posteriores, y ninguno de sus sucesores consiguió transmitir las mismas sensaciones que este inconmensurable debut, que reportaría a la banda un éxito instantáneo. Éxito que no se ha visto debilitado ni con sus muchos años de ruptura: ahí queda la altísima expectación alrededor del regreso a los escenarios del cuarteto californiano.

No tengo yo por costumbre hacer clasificaciones en lo que a discos favoritos se refiere ni nada de eso, pero tengo claro que si tuviera que desprenderme de todos mis discos y pudiera conservar sólo unos pocos, éste estaría sin duda entre los elegidos para no separar nunca de mí. Una obra de la cual no sólo serán deudores los cientos de bandas que les sucederían, sino también los miles de aficionados al metal que conseguimos abrir nuestra mente gracias a él.