Comenzamos hoy en Hipersónica una revisión de las canciones y los grupos por los que pasó Sergio Algora, quien, como seguramente sabéis, murió el pasado mes de julio en una edad demasiado temprana, cuando aún quedaban tantas letras por escribir y tantos discos por grabar.

La de Algora es una de las figuras más reconocibles de esa primera generación del indie español. Como cantante de El Niño Gusano se convirtió pronto en uno de los favoritos de la crítica y también en uno de los letristas más peculiares de su generación.

El grupo llamó pronto la atención. Compartían con Patrullero Mancuso la habilidad para hacer canciones de tono surrealista y requiebros constantes. Lo suyo era pop, pero muy peculiar: bañado por una psicodelia de andar por casa y gran sensibilidad pop. Después de una maqueta de cuatro temas y el Palencia EP, en 1995 El Niño Gusano grabaron su primer disco largo, Circo Luso, y se ganaron ya encendidos elogios.

Había razones de sobra para los aplausos. Para empezar, mientras la mayoría de la escena mimetizaba a los grupos de indie-rock de EEUU o calcaban con mano templorosa a la independencia británica, lo del Niño Gusano, como lo de muy pocos en España, sonaba con una personalidad desbordante. Había magia en sus discos ya desde las portadas. El inmenso Óscar Sanmartín plasmaba a la perfección el realismo mágico que vivía detrás de El Niño Gusano y que, para el oyente, comenzaba a llegar con esa explosión de alegría y singularidad que era la primera canción del disco, ‘La Mujer Portuguesa’.

Circo Luso estaba grabado con tan pocos medios que sus virtudes eran aún mayores gracias a esa baja fidelidad forzada. Como Guided By Voices, pero sin llegar a ese extremo, El Niño Gusano sacaron partido de su ínfimo presupuesto. Cada arreglo brillaba con luz propia, por lo peculiar de su elección y por su propia belleza. Las mandolinas, la distorsión, los violines, los coros imprevistos.

Todo en Circo Luso sonaba tan imperfecto como con talento. Pese a las dificultades para grabarlo (‘Vino Simagovino’, por ejemplo, tuvo que quedarse cortada porque no cabía en el disco), el grupo se sentía muy cómodo con esas canciones. En 1996, confesaban:

No cambiaríamos nada de Circo Luso. Estamos muy contentos del resultado para como se hizo. Luego en directo hemos ido cambiando un poco las canciones e incluso hemos ido regrabando alguna de ellas. Por ejemplo, la segunda versión de “Vino Simagovino” se grabó al mismo tiempo que la que aparecía en Circo Luso. De hecho las dos versiones formaban parte de una misma canción, excesivamente larga para el LP, por lo que la segunda entró en el Bernadutz EP.

Efectivamente, aunque luego regrabarían algunos de los temas, ninguno sería mejor que el original. Por ejemplo, la segunda versión de ‘La Mujer Portuguesa’ se quedó muy por debajo de la original. En cualquier caso, era innecesario retocar temas donde la sensación de estar tocados por un grupo primerizo no ahoga las muchas virtudes de canciones como ‘Menta’, ‘Navarra’ o ese hito de locura ácida que fue el ‘Capitán Mosca’ y que debería ser banda sonora obligada de cualquier restaurante chino.

Pero, claro, es que además de las maravillas sonoras que les emparentaban con gente como Gorky´s Zygotic Mynci (esto es, psicodelia incontrolable que mezclaba lo 90 con los 60), El Niño Gusano tenían a Sergio Algora. Un letrista que, en vez de mirar a la realidad con ojos limpios, prefería entenderla como irrealidad. Como Alfred Jarry, por ejemplo, o como Lewis Carroll.

Personajes como ‘El Hombre Bombilla’, ‘Pumuky’, ‘Bizcochino’ o incluso referencias a ‘Nureyev’ y ‘Navarra’ se sumían en una neblina propia, que aún mejoraría en posteriores discos, pero que ya dejaba frases certeras. La sensación general es que las palabras sólo están jugando con los sueños y los cuentos que vivían en la cabeza de Algora y es fácil sentirse partícipe de ellos.

Por extraño que parezca, a mí me resulta más sencillo identificarme con frases como “Ya sabes que estoy mudo / y hablo con la mente” o “El sol de mi cabeza es de muchos colores” o “Yo tengo en mis manos extrañas espinas de cacto / Llevo años planeando la caricia que aún no he dado” que con cualquiera de las letras de, por ejemplo, La Habitación Roja, por poner un ejemplo de un modo mucho más directo de escribir.

Circo luso conquistó muchos corazones. Llegó a aparecer en la edición francesa de “Los 100 mejores discos de la historia del rock”. Y, aunque mis favoritos de El Niño Gusano sean otros, aunque ya casi no escuche este disco porque en su día lo quemé de tanto oírlo, aún sigue teniendo esa chispa primeriza.

El Niño Gusano: Discografía

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