La de Wilco es la historia de un sueño rock: el de Jeff Tweedy, que lleva toda la vida decidido a ser como las bandas de rock que le marcaron cuando era joven. Es también la historia de uno de los grandes tesoros salidos de los 90, un grupo que es simplemente clásico, a veces incluso demasiado. Han construido su carrera yendo de lo esperable a lo que no podíamos adivinar para acabar de nuevo transitando por los caminos que ya sabíamos.

Y han dejado un reguero de canciones inolvidables, amables incluso en sus momentos ariscos, geniales reconstrucciones de un pasado que, sí, fue mejor, pero no fue nuestro. Importante ese «nuestro»: hay en Wilco bastantes ganas por apropiarse de la música que les educó y hacerla real hoy, aquí, ahora.

Más que nostalgia, es necesidad. Cuando es nostalgia, se vuelve #todomal, y lo veréis en este recorrido que vamos a hacer, ahora que estamos a punto de escuchar Ode To Joy, su último disco.

A.M. (1995): el punto y aparte de Jeff Tweedy

En 1995 todo el mundo hablaba de Uncle Tupelo cuando quería decir Wilco. La banda madre, de la que Jeff Tweedy se había llevado a su última sección rítmica (Ken Coomer a la batería, John Stirrat al bajo y Max Johnston a los instrumentos tradicionales), acababa así el sueño de dar nueva vida a la música de raíces norteamericana. Su importancia fue capital (dio alas a todo un nuevo movimiento, plaga hace unos años, hoy afortunadamente algo remitido, la Americana), pero su ruptura dejó pocas, muy cosas realmente positivas en aquel presente. Incluso aunque nos otorgase el mejor futuro imaginable.

Dejémoslo claro: por mucho que Jeff Tweedy y Jay Farrar no se soportasen, Uncle Tupelo eran un grupo mucho mejor que los Wilco del 95. A.M. fue un disco continuista, que hacía lo mismo pero peor… y de manera más amable. O sea, aún peor todavía. Más, y he ahí la ironía, FM que AM.

Jeff Tweedy y Jay Farrar no se aguantaban, ni tan siquiera se hablaban. Y, en ocasiones, parece que los muchos dardos que lanzan las letras de este disco de ruptura no son amorosos sino que van dirigidos a Farrar, quien, dicen, no era capaz de apreciar las composiciones de Tweedy.

And you never looked in my eyes
Long enough to find any piece of mind
But now you got it

A falta de filo, normalidad

El country-rock-con-un-poco-de-filo de este debut se queda, visto hoy, sólo en levemente interesante, en ocasiones demasiado conformista, incapaz de saltarse sus propias reglas. Las mandolinas brillan y los pedales steel también, pero escuchar A.M. tiene algo de placer puramente esteticista (insoportable, por cierto, en ‘That´s Not The Issue‘). Es difícil que este primer disco pueda atraer a alguien a quien no le interese demasiado el folk-rock y quizás sea eso lo peor que se pueda decir de él.

Pero A.M. tiene otra gran pega: las mejores canciones se concentran al principio, dejando el tramo final del disco como un anodino paseo turístico por el folclore musical de los EEUU, sin apenas sobresaltos (con la excelente balada de voz rota ‘Passenger Side‘ como único punto alto).

Ke dise, lokoh… ¿es entonces un disco malo? No, no puede serlo con trallazos como ‘Casino Queen‘ o el apasionante pop emocionado de ‘I Must Be High‘ (necesaria canción en toda recopilación inicial que se quiera dar de ellos), pero tampoco descolla lo suficiente como para colocarse al frente de nada.

6,5

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Wilco - A.M.
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