Fleet Foxes – Shore: el algoritmo nos rompió por dentro

La gran duda de Shore: ¿Son demasiados 54 minutos de Fleet Foxes en pleno 2020? ¿Hay espacio para ellos, especialmente los Fleet Foxes optimistas, en un contexto donde todo está hecho mierda, las ganas de abrazarte a alguien pueden no tener manera física de hacerse realidad y, en fin, el mundo-como-lo-conocíamos se va al garete… y no nos sentimos bien?

Hubiera sido malo para ellos hacerse un Crack-Up 2: lo de aquel disco puede que tenga bastante de irrepetible. Por venir de donde venía (el peor disco de Fleet Foxes es el segundo, terrible; tanto que no esperábamos recuperación parecida) y por cómo fue. Lo que allí fue la necesidad de abrazar su lado más complicado, sus canciones más enrevesadas, unos Beach Boys de los 70 que se hubieran enamorado del prog-folk… ¿cómo repetirlo otra vez sin cansar?

Shore y el final de la crisis para Fleet Foxes

“Desde el éxito inesperado del primer álbum de Fleet Foxes hace más de una década, he pasado más tiempo del que estoy feliz de admitir en un estado de constante preocupación y ansiedad. Preocupado por lo que debería hacer, cómo será recibido, preocupado por los movimientos de otros artistas, mi lugar entre ellos, preocupado por mi voz de cantante y mi salud mental en giras largas. Nunca me he permitido disfrutar de este proceso tanto como pude ni tanto como debería.”

Insiste Robin Pecknold en las notas de prensa y presentaciones de Shore que se ha pasado demasiado tiempo preguntándose cómo debería ser su música en función de cómo era la de los demás. Y, quizás por vez primera desde el Sun Giant EP, aquí se ha respondido ya desde la total sinceridad.

¿Cuál es ésa? Pues la misma que empieza con timidez el disco, se va rápidamente al pop más soleado en la adictiva ‘Sunblind’ y, al mismo tiempo, se arranca con la épica emo-root-rock de ‘Can I Believe You?’. ¿Os acordáis de cuando Band of Horses hacían canciones imprescindibles? Tal vez ni siquiera Band of Horses se acuerdan, pero Fleet Foxes suenan como ellos.

Es, desde luego, un soplo de aire fresco: no todo iba a ser folk-rock feliz-feliz-tristón-tristón en la vida de Fleet Foxes (oh, qué bien les sigue saliendo el simongarfunkelismo, cf: ‘Featherweight’). Ahora, cuando suenan a banda sonora de serie adolescente parece que siempre han estado hecho para esto (‘Jara’).

El algoritmo y pasar por alto el nuevo disco de Fleet Foxes

No se olvidan de ese prog-indie-folk: ‘Quiet Air/Gioia’ avanza con paso firme en esa dirección, recordando hacia dónde se encaminaban Fleet Foxes tras su anterior aventura. Dice Pecknold que él ves este disco como un refugio, pero, seamos sinceros, en 2020 la mayoría de la gente va a buscar otros lugares donde acogerse, porque la entrada de la cueva de Fleet Foxes parece menos confortable de lo que en realidad es y porque necesita que andemos más camino del que parecemos dispuestos a admitir.

La mitad de la redacción de Hipersónica ha acogido este disco con un “nostamal, a otra cosa”. Pero Shore, en apenas un par de escuchas completas, revela que es mucho más duradero que eso. Y a medida que sigues avanzando, girando con él, incluso a pesar de un álbum totalmente optimista, una colección de canciones sin miedo a ser pop del que te ayuda a vivir; incluso a pesar de todo eso, digo, Shore es un disco menos extractable y resumidle en un par de canciones que disfrutable al completo, . Algo que ya tenía Crack-Up (2017, 19º mejor disco de 2017 para esta casa), pero que, años después, quizás sea más difícil de pedir al oyente. ¿Nos ha jodido el algoritmo para siempre?

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