Fuego en las guitarras, Harakiri for the Sky

Melodías incendiarias para iluminar un alma desolada


Para el público general, el formato lo puede ser todo a la hora de valorar todo tipo de arte, quedándose por el camino propuestas que sencillamente no encajan en su sistema de preferencias y prejuicios. Eso facilita que muchos trabajos se queden en el camino sin importar su valía técnica al ser productos, en principio, destinados a un nicho concreto.

No vengo a decir que esa sea una manera peor de valorar el arte que otra que se preocupa menos por el formato de una obra y más por lo qué quiere -y logra- transmitir. No estoy aquí para decir a la gente cómo tiene que ver, leer o escuchar cosas. Simplemente me deja cierto pesar escuchar el último trabajo de Harakiri for the Sky y pensar cuántos directamente ni le darán una oportunidad por ser un disco de metal extremo cuando, precisamente, su obra cuenta con virtudes perfectamente disfrutables para alguien que adore la música, no sólo a los aficionados de un determinado nicho.

Porque el sonido es claro y cristalino: black metal. O blackgaze. O black metal “bonito”, si me permitís la etiqueta que creo que más se acerca a lo que suenan. Pero el modo aquí es lo de menos, porque la revolución sonora que plantean aquí es mínima, continuando muchas de las líneas trazadas en su anterior álbum. Aquí prima lo que prima es lo que buscan transmitir a través de esta vía sonora “extrema”, que no es otra cosa que emoción. Emoción pura, descarnada y, sobre todo, encendida.

Que su nuevo disco se llame Arson (Art of Propaganda, 2018) (“Incendio provocado”) quizá sea otra buena manera de definirles a ellos más que al disco en sí. Los austriacos tienen un particular talento para trenzar melodías con tramos de guitarras torrenciales y arrasadores, pero lo principal que transmite su sonido es, además de urgencia, es pasión a raudales. No somos inocentes de que nos gusten esta clase de grupos que tocan como si tuvieran el corazón a punto de que salir despedido por la boca, pero la manera de hacerlo de Harakiri for the Sky no sólo es interesante, es vibrante.

En un inicio de año es complicado encontrar esos discos que te llaman especialmente la atención, que te inviten a ponerlos varias veces, fascinarte por los nuevos detalles que captas en cada escucha. No sé si será un disco que a final de año seguirá figurando en mi top de discos, pero si tengo seguro que no es de esos que escuchas dos veces y al poco ya has olvidado. La técnica ahí queda en cada discos, pero una intensidad tan desbordante como la que exhiben en cada canción no es olvidable.

Buscaba un disco destacable y me topé con uno no sólo memorable, sino apasionante. Discos así hay que escucharlos, da igual el género.

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