Gary Olson – Gary Olson

El disco bonito, sin aparente ambición pero duradero, de lo que llevamos de 2020. Un disco importante, pese a su apariencia. Suena a haberse hecho con poco, pero Gary Olson, el líder de Ladybug Transistor, ha tardado siete años en hacerlo. Como en el grupo que fundó, nos movemos por terrenos del pop de cámara, con Burt Bacharach en mente.

Olson, que ha sido un talentoso productor e ingeniero de sonido (sus colaboraciones con Jens Lekman dejan claro lo mucho que siempre le han gustado los arreglos de cuerda y los ambientes tranquilos de pop resplandenciente, al borde del lounge) no ha sido tampoco alguien monolítico: por sus manos también pasó el sello eterno con el que Crystal Stilts rubricaron [In love with Oblivion].

Como en los discos en los que La Buena Vida dejaron atrás Soidemersol, hay a la vez punteos cristalinos, ambientes lujosos, melancolía orquestada y una ligereza agradable. Y sí, cito a los de Donosti porque hay tanto en común en el debut en solitario de Gary Olson con sus canciones que debería gustar a los que los echáis de menos.

En los peores momentos, Gary Olson se comporta como un Richard Hawley con el día regulero; malo del todo tampoco podamos decir que sea algo así. ‘Navy Boats‘ es una de las canciones que más voy a recordar este año, ‘Some Advice‘ te da el subidón tímido como los de los-Belle-&-Sebastian-que-importaban, ‘Afternoon into the evening‘ podría haber entrado en nuestra lista de canciones del verano 2020 sin tener que pelear con Poliptoton ni un ápice y el disco lo redondean unas letras divertidas, que buscan la narrativa y la historia más allá del simple impresionismo. Joder, qué bien.

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