Gas — Narkopop

El regreso tras más de 15 años de un maestro del ambient


Han sido varios los clásicos del ambient que han vuelto a publicar nuevo disco este año, un estilo del que siempre da la sensación de ser uno de los subgéneros de la electrónica a los que menos atención se presta. A pesar de que de él hayan salido figuras clave para la música popular contemporánea. En el caso que nos ocupa, 2017 ha sido el año del regreso de Wolfgang Voigt, más conocido como Gas, una de las piedras de toque de la música ambiental de las últimas dos décadas. Nada más y nada menos que 17 años han sido los que el germano ha estado sin dar a luz un nuevo largo. El último fue Pop (Mille Plateaux, 2000). Este curso ha regresado, al fin, con Narkopop (Kompakt, 2017) y lo hace además por primera vez con el debut en largo en el prestigioso sello del que es uno de los fundadores, Kompakt.

La vuelta de una pieza fundamental del ambient contemporáneo

De nuevo, ante nosotros diez cortes sin nombre, sólo numeraciones, para que sea la música el único vehículo conductor que te transmita los paisajes y los viajes que Gas pone a tu servicio. Quizá haya que entender al menos el título del álbum como una reinterpretación de su anterior y aclamado disco, en clave mucho más oscura. Si la portada de Pop era su ambient y las grabaciones de campo durante el día, Narkopop es el reverso nocturno. Pero en realidad, no es más que una vuelta parcial al músculo de trabajos anteriores (y algo más). Esa es una buena noticia, puesto que el germano sigue tirando de desarrollos largos tallados con mucho detalle y en el que van entrando capas quirúrgicamente, exfoliadas directamente desde su genial mente.

Narkopop trae ese equilibrio entre la naturaleza y el sonido orgánico por el que siempre apostó, con brumas densas que te acorralan en los bosques de sus portadas. Aunque hay diferencia de patrones entre sus diferentes trabajos, y este es un balancín en medio de todos, su vuelta tras tanto tiempo sabe tan bien como se esperaba. Pocos juegan como él con su característico sonido orgánico y volátil, los bombos casi imperceptibles y la cantidad de matices que sobrevuelan las líneas melódicas que dibuja, que esta vez son más que nunca. Uno de los hechos diferenciadores de esta referencia. Incluso hay más que en Zauberberg (Mille Plateaux, 1998). Algo que se puede apreciar nada más empezar el álbum, con piezas como ‘Narkopop 1’ o ‘Narkopop 2’.

Más aristas y detalles para jalonar un disco repleto de matices

Durante el disco va conjugando esos cortes con ornamentación extremada con temas que simplemente son pura gloria como ‘Narkopop 5’, con el Gas más imperial que sale en mayor o menor medida en cada uno de sus LPs. Y esta es una auténtica joya, una muestra de por qué es una figura clave del ambient contemporáneo y un ejemplo para ver de dónde bebe gente como Jannick Schou. O con la alta saturación del sonido y esa atmósfera tan hinchada de ‘Narkopop 7’ podemos contemplar de dónde ha bebido también The Field. En definitiva se trata de un repaso a su trayectoria, esta vez con una sinfonía mucho más cargada de aristas sonoras, y un regreso en el que identificar en varios de sus temas la referencia que ha supuesto para otros nombres importantes o claves del ambient de hoy. Difícil entender la música de compositores como Tim Hecker o Fennesz sin él.

Mientras que durante todo el disco saltan a la palestra esas sensaciones narcóticas que definen su ideario, la segunda parte es un festival de graves, sonidos densos y músculo para exhibir. Una prueba de irrefutable del amplio abanico de recursos y creatividad con los que sigue contando a pesar de haber estado tanto tiempo sin rescatar este alias para una referencia en largo. Y cómo no, nos despide con ‘Narkopop 10’, una larga travesía con esa línea de bajo de fondo junto a una percusión fina que da cuerpo a las capas superiores en las que inyecta ese gas que le define. Un regreso a la altura del mito que es.

8,3/10

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