La recepción tan espléndida que tuvo su debut era bastante impropia para un grupo tan árido y tan cafre como son Girl Band. No debería sorprender, viendo como funcionan sus cerebros, que su nuevo disco opte por ser su anti-todo: más difícil, más nihilista, más macarra, más berreable, menos singles y más chungo.

Por fortuna, los irlandeses tienen el talento suficiente para poder hacer un movimiento tan pasado de rosca y que salga satisfactorio para los que apreciamos su chaladura. Su bestialismo y su macarrería no suenan impostadas, todo lo contrario, y a partir de ahí nace su triunfo. Y también nace el descontento de tus vecinos, que probablemente piensen que estás haciendo obras o invocando algo.

Tiene todo el sentido del mundo, viendo la clase de grupo que son, que hayan optado por hacer un disco dispuesto a hacer purga y espantar a los que se subieron al hype de su anterior disco. Aquí no tienen nada que hacer. El resto, tenemos demenciales genialidades como ‘Couch Combover‘ o ‘Laggard‘, que son menos pepinazos inmediatos pero saben clavar la urgencia y el nervio visceral que nos enamoró de ellos.

Quizá lo mejor sea esa sensación de que sean capaces de detectar por donde toca hacer avanzar al post-punk (o al post-todo) al mismo tiempo dejar la impresión de que están a vuelta de todo. Vamos, que a favorcísimo de The Talkies, un paso… ¿adelante? Dejémoslo en que es un paso hacia alguna parte.