Deslumbrando dentro de la indefinición.


La vida ha pasado bastante deprisa para un proyecto como Gone Is Gone que, al poco de darse a conocer a principios del pasado verano, ya tenía lanzado su primer trabajo, aquel estupendo EP homónimo (Rise, 2016) que casi vale como LP por su duración y dejo buenas maneras pero cierta sensación de aún no tener del todo definido que clase de grupo quería ser. Medio año después toca ir dejando aquel trabajo atrás y centrarnos en su primer disco de larga duración.

Con unos plazos tan ajustados, uno puede llegar a pensar que este Echolocation (Rise, 2017) ha sido parido y criado con cierta urgencia sin haber respirado del todo tras su anterior obra. Y con las prisas, podrían no haber terminado de dilucidar en que dirección debería enfocarse el proyecto. Una vez escuchado el álbum, da la sensación de que así ha sido.

Basta coger dos canciones concretas que pueden llegar a resumir lo que nos vamos a encontrar a lo largo de las doce. Como dos caras de la moneda, ‘Slow Awakening’ y ‘Fast Awakening’ presentan cada una a una banda demasiado distinta para poder apreciar la conexión del discurso. Mostrarse como una banda diversa y rica en matices está bien, pero la falta de un sonido de base sobre el que desarrollar la diversidad lleva más a pensar que estamos ante una banda aún por definir.

No obstante, lo que podría ser un debe que condenaría al 99% de proyectos paralelos -y nos haría exclamar un “NEXT” sin pestañear si hablamos de una banda random- termina siendo lo único que separa a Gone Is Gone de ser un grupo top. En Echolocation llegamos a escuchar varios tipos de bandas distintos, pero es que todas suenan entre lo estupendo y lo genial.

De las guitarrazos de locura de Troy Van Leeuwen a los teclados alucinantes de Tony Hajjar, destacando la voz de Troy Sanders que llega a sobresalir en los puntos más experimentales y calmados del trabajo. Su voz llega a ser uno de los puntos más fuertes del grupo (quién nos lo iba a decir hace unos años).

Así, dentro de esa aún perenne indefinición, compensan con el talento que atesoran y te salen con perlas de buen calibre que hacen que la escucha del disco sea bastante satisfactoria. No todo es brillante, claro, dado que te pueden salir bien rescatando algunas sobras de The Hunter (Reprise, 2011) en ‘Ornament’ o les da por el Devin Townsend en plan acústico-de-bajón-de-tripis en ‘Resolve’. Claro que luego te clavan un pedazo de versión del ‘Roads’ de Portishead y bueno, a ver quién les dice que no.

También les da en ocasiones por recordar a los Queens of the Stone Age más primigenios con ‘Gift’ o por sacar su lado más stoner y musculoso con ‘Pawns’ pero, al igual que ya les pasaba en su debut -para mí ya será siempre como su primer trabajo con todas las de la ley-, su mejor versión vuelve a ser cuando sacan su lado más atmosférico y más próximo a Deftones. Tanto ‘Sentient’ como ‘Dublin’ se colocan directamente dentro del top de canciones del álbum y del grupo.

Sin embargo, casi por accidente, el grupo encuentra un fabuloso e interesante punto intermedio de las dos caras mencionadas en el anterior párrafo -el musculoso stoner y las atmósferas deftonianas- con el tema que da título al álbum. Temas como este e incluso ‘Pawns’ pueden ser la base sobre la que Gone Is Gone pueda construir una identidad sólida y llamativa.

A pesar de las evidentes pegas de encontrarnos con un estilo aún indeterminado y de presentar un trabajo, en su conjunto, que a nivel de canciones da un paso atrás con respeto al anterior, la sensación final es positiva con Echolocation. No sabemos hasta qué punto habrá futuro para Gone Is Gone, pero en el caso de que exista, ojalá nos sigan dejando canciones de buen nivel y, por fin, encuentren una dirección en la que centrarse.

7,6/10

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