Han pasado poco más de diez años desde el debut de Grimes, Geidi Primes (Arbutus, 2010) y el recién publicado Miss Anthropocene (4AD, 2020). Cinco discos —y cantidad de singles entremedias— que revelan la cambiante trayectoria productiva de la artista canadiense, y sobre todo, que culmina la transformación en una productora sonoramente diferente, no así conceptualmente, y ese es el principal valor que encontrar en su quinto largo. Sigue instalada en un relativo mainstream en el que se ha erigido como una especie de diva rara avis que rompe con los otros modelos. Ella se lo guisa y se lo come, se lo produce, y desde una de las históricas independientes como 4AD, se ha convertido en un fenómeno más de masas desde una perspectiva aún (aunque no tanto, obviamente) electrónica.

Atrás quedaron las publicaciones en sellos como Arbutus o No Pain in Pop, hoy es cosa enteramente de 4AD; y de colaborar con Doldrums ahora es la etapa de Janelle Monáe o productores del mainstream como i_o. Lo que no tiene que ser malo per sé. Después de haber publicado discos bastante ricos en los que encontrar witch house, synth pop y esos ambientes a mitad de camino entre el dream pop y lo etéreo, en Art Angels (4AD, 2015) finiquitó la la evolución que había empezado en su disco anterior, Visions (Arbutus, 2012), un híbrido de lo que estaría por venir. Con todo, el principal punto a favor de Miss Anthropocene es que en esos postulados sonoros más abiertos como los de Art Angels, es un álbum con más aristas. A pesar del predominio de estructuras más corrientes y comerciales, no acaba de matar esa vena diferente que mostró en sus primeros álbumes —y sobre todo en aquél gran Halfaxa (Arbutus, 2011)—, aunque aquí queda relegada a pocas canciones y alguna capa secundaria.

La línea preponderante sigue siendo una música mucho más accesible y orientada a la radiofórmula, con un synth pop lejos de esos giros fantasmagóricos o post-industriales, para mostrar una paleta mucho más colorida como en Art Angels. A veces incluso saliendo de los sintes y acercándose de una forma mucho más expresa al pop sin ambages, como es el caso de ‘Delete Forever‘ o ‘New Gods‘, que son los puntos en los que más flojea el disco por quedar en una propuesta bastante plana, ya no solo si se compara con trabajos anteriores mucho más ricos, sino con otros del propio álbum que intentan mantener parte de esa personalidad tan singular que conquistó fácilmente desde el Myspace que le vio nacer.

En la parte contraria, dentro de haber tomado posición claramente con cuál es el espacio en el que se encuentra cómoda y que quiere ocupar, y no tiene pinta de que haya vuelta atrás una vez asumido este nuevo rol más masivo, Grimes sigue sin prescindir de ese synth pegadizo con filtros fantasmagóricos —ahora en mucha menor dosis— que aún estaban vivos en Visions, como ‘My Name is Dark‘, o la oscuridad de tintes orientales con secciones vocales superpuestas que funcionan tan bien en ‘Darkseid‘, en colaboración con 潘PAN. Un ejemplo de que esa parte más experimental aún no ha muerto, y desde luego es algo mucho más serio e interesante que cuando en el siguiente corte entra la mencionada ‘Delete Forever’, dos canciones diametralmente opuestas que rompen el discurso de una forma desconcertante.

Así pues, en este nuevo álbum de Grimes, en el que aborda el desamor, el cambio climático, la drogadicción y cuestiones como la muerte, al tiempo se manifiestan varias facetas de una artista que ha tocado dentro de sus sintetizadores autodidactas bastantes subestilos. Con un hilo vertebrador hoy más accesible y sonoramente menos interesante, aún conjuga esas partes más oscuras o etéreas e íntimas (‘So Heavy I Fell Trhough the Earth‘) que dieron sus mejores trabajos, aunque en menor medida, para dejar paso principalmente a ese pop más cómodo y colorido —que a veces curiosamente va ligado a letras jodidas— y tendencias hoy en boga como el autotune junto a bases de electropop de radiofórmula estilo Robyn o Lykke Li. Su proyecto seguirá siendo más interesante que el resto de los que juegan en estas coordenadas mientras mantenga vivo en alguna medida el espíritu que le dio a conocer. Pierde cuando se aleja en demasía de ello para quedarse en un pop inane. Sin tener que irse a los terrenos más de nicho de Halfaxa, sigue ganando cuando opta por conquistar al gran público manteniendo una mixtura de esas esencias. Ahí están las 60 millones de reproducciones en Spotify de ‘Oblivion’ y en Youtube de ‘Genesis’; ambas de Visions. En cualquier caso, se trata de un buen disco dentro de la liga en la que ahora juega. Rompiendo moldes a su manera.

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