El radar electrónico de 2020 ha empezado atendiendo a las ondas sónicas que llegan desde València, que fue uno de los lugares más incandescentes del pasado curso con el nacimiento de esa especie de supergrupo electrónico desde la capital del Turia —como gusta decir en el periodismo futbolero rancio— con Mecánica Clásica. Uno de los elementos que nuclea ese proyecto, Juanvi Fortea, ha vuelto a juntarse con su compañero Paco León para reflotar Güiro Meets Russia, otro combo que nació hace unos años y que nos demostró lo bien aprendida que estaba la lección del kraut rock con sus complementos electrónicos y la kosmische musik, patrimonio que excede lo alemán. Hace escasos días publicaron su tercer largo, Interlude (Cintas Chromo/BFE Records, 2020), un álbum que curiosamente está formado por descartes que no entraron en sus dos primeros discos y algo de material nuevo.

Curioso, porque posiblemente se trate del mejor trabajo que han editado hasta ahora. Al menos al nivel de Dystopia (Verlag System, Güiro Meets Russia, 2016). Junto a Folk Psychology (Canoa Snake Records, 2018), eran trabajos más orientados al kraut ortodoxo y toda la atmósfera analógica que olía a los viejos clásicos de la kosmische musik. Sin embargo, este Interlude, como ya nos mostraban con el adelanto de ‘Sonic Levitation‘, es un álbum más experimental, despojado además de esos ritmos motores del género teutón. Loops, loops y más loops. Es lo que se oye nada más darle al play con el tema introductorio de este tercer LP, de nuevo con ocho cortes. ‘Arabische‘ es una pieza que podía encajar en los dos hermanos mayores, aunque entonces era una más de las aristas que los valencianos planteaban. Ahora se trata de la parte hegemónica que vertebra todo el álbum. Y está bien que así sea, porque el resultado es fantástico, y hay una obvia estrecha relación con el nacimiento de Mecánica Clásica, en cuanto a un sonido más puramente electrónico y experimental.

Herencias del pasado que miran al espacio desde 2020

De hecho, en ‘Black Athena‘ ya entra en liza esa vertiente cósmica que tan bien ejecutan, con loops atmosféricos, reinterpretando a su forma toda la rica y vasta herencia del kraut rock, mucho más centrado en la parte analógica de la cacharrería. Ricas atmósferas que dejan la mente en babia y que dibujan paisajes modulares tan solemnes como la mencionada ‘Sonic Levitation‘, una de las cumbres del disco. Una tónica que después se repite en temas que tiran de un importante apoyo instrumental como en ‘Funny Drug Education‘, un teletransporte a la psicodelia primigenia de discos como los dos primeros —y olvidados— de Kraftwerk. En cualquier caso, un breve lapso y guiño histórico para volver a las evocaciones en la segunda mitad del álbum.

En resumidas cuentas, en lugar de sacar pecho de que saben de qué va el tema y conocer todos los puntos comunes del amplio abanico que puede ofrecer todo lo relacionado con el sonido kraut, Güiro Meets Russia se lo llevan a su terreno para reinterpretarlo con sonidos contemporáneos que huelen a los ritmos lentos y orgánicos de Ekoplekz y con inevitables guiños de aquellos trabajos de los Ashra, Klaus Schulze, Harmonia… Mirando ligeramente por retrovisor, en temas como ‘Lunik 2‘ y su maravillosa progresión final, o en ‘Dark Nature‘, los valencianos evocan ese sonido cósmico de los pioneros de los sintetizadores y las atmósferas, que retrotraen a las primeras incursiones electrónicas que abrían la puerta a futuros posibles de viajes espaciales hacia lo desconocido y de la relación entre el hombre y la máquina. Otro paso valiente tirando de electrónica analógica y trabajada, con un gran e inspirador álbum que vuelve a ponerles en primera línea. Juegan en su propia órbita.

7,7/10

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