Have a Nice Life – Sea of Worry, crítica: imposible no amarles

Have a Nice Life Sea of Worry

Have a Nice Life se lo toman con muchísima calma. El próximo año cumplen 20 como grupo y aquí estamos, llegando a su tercer disco, con sólo un EP y un par de recopilatorio más. Sea of Worry, por tanto, no es como cuando John Zorn o Buckethead sacan un disco (es decir, cada mediodía), sino que tiene mucho de momento importante, hito relevante. Y también tiene mucho de miedo: Deathconsciousness sigue siendo un disco tan importante como cuando salió en 2008. The Unnatural World fue imperfecto, pero aguanta como uno de los discos fundamentales de la década. Pero tanta calma… ¿es buena?

Es probable que Have a Nice Life vivan siempre bajo la alargada sombra de su debut y que nunca haya impacto como aquel. Pero han sabido madurar: sólo tres discos, y sí que suenan en Sea of Worry como una banda adulta, donde su post-punk tenso, sus ramalazos shoegaze, su épica de la bajona ha alcanzado niveles compositivos excelentes, con los que son capaces de ganarte la partida aunque frunzas el ceño.

Ser padre, traer hijos aquí y ahora

Dan Barrett explicaba en una entrevista que este era un disco sobre lo jodido que es darte cuenta de que has sido padre y ahora tienes vidas en tus manos. Sobre responsabilidades deseadas que, sin embargo, nunca se te explican bien del todo. No hay muerte, aún, como por desgracia sí encontramos en el disco de Idles del año pasado, sino la constatación de que estar jodido, estar emocionalmente demasiado expuesto y estar satisfecho son cosas que pueden llegar a la vez. 

Es lo que proclaman en la tremenda ‘Lords of Tresserhorn’: 

It’s nothing like I’d thought
I guess I thought I’d know
What I’m doing by now
But I know nothing
A slave in gold, that all conform to
And I know it very well
I am mortgaged to
The irrational thought

That we are always

on top

And nothing will ever go wrong

Quizás esa canción sea la mayor promesa que hace el disco hacia unos Have a Nice Life diferentes. Capturando la emoción desde una producción que envuelve el tema en bruma noisy; una bruma que, justo en la mitad, se disipa para dar paso a la tormenta de guitarras. No es que no les hubiésemos visto así nunca: es que suenan como si fueran su propio futuro. O como un pasado alternativo en el que Ben Gibbard hubiese entendido que la senda post-Transatlanticism era el ruido y la furia, y no los arrullos soft. 

Parte del disco lava ese reverb y por eso se le acusa a Sea of Worry de genérico, pero yo sigo viendo los rastros, siempre, de un grupo especial, que entiende el martilleo y la incomodidad de la vida adulta y sabe trasladarla a un rock de contornos goth y ramalazos drone. Un grupo que en sus acercamientos más claros al testamento según Joy Division (Pienso en ‘Dracula Bells’ o en la canción homónima inicial) también saben zafarse del tópico. . 

Sólo los 4 minutos de ‘Everything We Forget’, instalados justo antes de la potentísima recta final del disco, parecen sobrar. Antes, ‘Science Beat’ (con su bajo saltarín y su rabia implosionando) o ‘Trespassers W’ y, después, la ya mencionada ‘Lords of Tresserhorn’ y la eclesial ‘Destinos’, 13 minutos de algo parecido a post-goth-rock, redondean otro disco imprescindible. El tercero de un grupo al que es imposible no amar. 

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