Kelly Lee Owens – Inner Song

Después de un notabilísimo debut en 2017, la inglesa Kelly Lee Owens ha ido presentándonos durante los pasados meses pequeñas trazas de lo que ya es su segundo largo, estrenado a finales de agosto. Una pieza en la que vuelve a demostrar que su proyecto personal tiene mucho más interés que aquella aventura indie de años anteriores. En Inner Song (Smalltown Supersound, 2020), la británica presenta otro álbum ecléctico con los mismos cortes, diez. Si bien podía parecer después de los singles que no habría mucho más que ver, por la pegada de los avances, sorprende positivamente ver que hay mucho más allá de los singles. Aunque en su primer trabajo Owens ya dejó claro que puede tener una paleta sonora amplia, en la que caben temas de raigambre más oscura y otros mucho más enfocados a la pista de baile, Inner Song, muy diverso también, se abre bastante más a un sonido pop que deja un sabor de boca extraordinario. Una puerta medio abierta en su debut y que ahora ha dejado abierta de par en par.

La propia ‘On‘, uno de esos avances, un tema propiamente tech house, aunque más lejos del automático de cantidad de productores, ofrece ese término medio entre la pista de baile y el que es uno de los alicientes tanto del disco como de las propias composiciones de Kelly Lee Owens, su propia voz. La parte vocal, sampleada después como un efecto más, le otorga a la canción, como hará en otras durante el álbum un aura pop irresistible con mucho gancho. Además con un cambio de ritmo alegórico sobre la luz al final del túnel en los malos momentos, según la propia artista. Aunque hay otros que adolecen de esos matices, como ‘Melt!‘, incluso a pesar de ser algo más corriente, esa electricidad y ritmo regio le otorgan cierta adicción. En cualquier caso, la artista vuelve a brillar en el término medio, esta vez más orientado a una suerte de ambient pop en cortes como ‘Re-Wild‘. Cocido a fuego lento y con pequeños efectos de eco en la sección vocal, la bella pista que jalona la percusión le da ese toque de elegancia que marcan la diferencia en este disco y muestran que puede haber vida incluso en estructuras tan aborrecibles como las del tech house. Era una cuenta pendiente tras su primer disco, aprovechar mucho más el pop.

Un discurso sonoro cada vez más rico

Es además el mencionado corte quien marca el tramo más excitante del disco, la parte central en la que se concentran casi todas las aristas sonoras que hasta ahora ha explorado. Ahí está ‘Jeanette‘, un buen tema de más de seis minutos de eléctricos muy a lo Bicep —como ya dejó entrever en ‘Lucid’ hace tres años—, en los que el frenesí y los ritmos pisteros son los que mandan. Acto seguido llega de nuevo la belleza pop con una voz nívea de Owens en ‘L.I.N.E.‘, con los picos de intensidad fundidos en el estribillo, logrando enfatizar la mejor parte del tema. Salvando las distancias, hay un casi inevitable olor a Julia Holter por ese jugueteo con el pop etéreo y bases electrónicas. Y por supuesto, una de las secciones que destacan de este Inner Song es la colaboración con el mítico y prolífico John Cale en ‘Corner of My Sky‘. Si hubiera que identificar solo por la música en qué canción ha colaborado, el asunto queda claro: los arreglos de viento y cuerda, ese sonido orgánico y profundo… Una pieza de las que hace tragar saliva por quién participa, pero obviamente por el resultado final. Necesariamente lenta para poder degustar tanto la voz de Cale, que se erige como un predicador, como por el entorno musical que Owens le prepara, con los arreglos mencionados y unas pistas de pequeños detalles que se ciernen sobre una percusión hipnótica a la que abraza desde patrones ambientales.

Encarando el final, la inglesa destapa ‘Night‘ de nuevo con su factura más clubber y su distinguida voz para alternarla junto a los bombos que marcan los puntos álgidos de la canción. Toda esta secuencia de temas representa lo mejor del álbum, en el que encontrar momentos de luz a pesar de haber sido producido en unos malos momentos personales de Kelly Lee Owens, pero que sin duda ha logrado un gran resultado por la finura de esos medios tiempos en los que las texturas se adueñan de los auriculares para mostrar un notable acabado, una explosión de pop etéreo que atrapa rápidamente y esos contrastes tan sonados en los que encontrar su vertiente más adrenalítica de ‘Jeanette’ o la sugestiva y solemne colaboración con Cale. Sin lugar a dudas, la espera ha valido la pena.

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