This monster lives


Ya no nos son extraños los niveles de desquiciada productividad y creativa locura que son capaces de alcanzar King Gizzard & The Lizard Wizard, los asumimos como una plena característica del grupo que les llevan o bien a romper cualquier escala de grandiosidad o bien dan ganas de inyectarles un rivotril para que se relajen una miajita.

Pagamos a gusto el peaje porque son capaces de darnos un alucinante viaje en montaña rusa concentrado en las cuatro esquinas de Nonagon Infinity(ATO, 2016), su indudable cima creativa. Por ello estamos dispuestos a tragarnos sus cinco discos que tienen pensado publicar de cara a este año, el primero de ellos llevándonos de viaje por la anatolia y el segundo el que hoy nos ocupa y que debería hacer delicias para todo el que se enamoró de los australianos el año pasado.

No es complicado imaginar a King Gizzard escribiendo la mayor parte de la estructura de Murder of the Universe (ATO, 2017) al poco de haber terminado las sesiones de grabaciones de Nonagon Infinity, dado que con ese disco comparten muchas señas de identidad, desde el sonido hasta el acelerado y desinhibido ritmo, alcanzando muchas veces el extremo retorcido y oscuro de ese sonido.

En ese sentido, puede haber cierta decepción en todo aquel que esté enamorado de la constante reinvención e incontenible imaginación que exhiben en cada disco este numeroso grupo de Melbourne, puesto que estamos ante el trabajo donde se aprecia más autoreferencialidad y repetición de fórmulas, aunque aquí en algunos puntos se roce más que nunca la figura de Black Sabbath y se haya incorporado un spoken word que, dicho sea de paso, no termina de sumar tanto al colectivo aunque pueda ser clave para el concepto que buscaban tratar.

No obstante, y aunque el mencionado spoken word pueda llegar a ser un freno en muchas ocasiones, el nivel de diversión alcanzando no anda demasiado alejado de los estándares del Nonagon. Siguen siendo capaces de alcanzar los 100 kilómetros por hora en décimas de segundo y de dejarnos con el culo torcido con esos momentos explosivos de garage psicodélico que los hacen los sucesores inmediatos de Thee Oh Sees. Sólo por eso ya somos capaces de perdonarles que el primer tramo del disco sea un semi-loop entre dos canciones, ambas arrolladoras y jaraneras.

La portada del disco no hacía intuir una dirección más grotesca y agresiva, y aunque haya puntos donde pueda parecer así, en realidad no llega a alejarse demasiado de lo que ya podemos denominar la más pura esencia King Gizzard. Aquí podemos encontrar casi todo lo bueno de este grupo (la jovialidad y desenfreno de Nonagon) al igual que lo malo (inconsistencia y retorcimiento excesivo de la tuerca) que viene de la mano por la pura idiosincrasia de los australianos.

Cierto es que quitando ese par de detalles que torpedean el álbum podría quedar un trabajo casi tan bueno como el Nonagon, pero no serían King Gizzard si no se ponen piedras a sí mismos en el camino de alguna manera. Al final todo termina dependiendo si los ratos de diversión y frescura pop compensan lo suficiente para que queramos seguirles el juego.

Y si ya logré perdonarles en el anterior, cómo no hacerlo con un Murder of the Universe que encuentro mucho más divertido y adictivo, además de dejar momentos tan redondos como ‘Digital Black’. Ya sólo queda quemar el disco hasta que llegue el próximo álbum que, conociendo bien a King Gizzard & The Lizard Wizard, será muy pronto.

8,2/10


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