Hay vida después de Sigur Rós. Pero…¿esa vida mola?


Hay gente que consigue echarle narices a la vida. Para la mayoría de nosotros, serían considerados kamikazes, o héroes, o simplemente unos puñeteros locos. Ellos, simplemente, dan pasos e imporvisan porque, de no hacerlo, se aburren. Alcanzan una vida plena y satisfactoria en los aspectos más vitales (familia, amor, dinero, salud…), pero sienten que algo les falta, y una idea los reconcome por dentro.

Kjartan Sveinsson ante su salto al vacío

En 2013 Kjartan Sveinsson abandona Sigur Rós tras 15 años formando parte de la banda islandesa. Ojo, en 2013. Cuando el proyecto ya era enormemente rentable y se podría haber dedicado a girar sin más y contar los billetes. Incluso a ir aprovechando los parones de la banda para sacar adelante algún proyecto paralelo. Pero no, así, como lo haría cualquiera, le parecía aburrido. Así que decidió cortar de cuajo cualquier relación con el pasado, y dibujar un futuro sobre lienzo en blanco, virginal.

El resultado, cuatro años después, es Der Klang der Offenbarung des Göttlichen (Bel Air Glamour Records, 2016) (dice el traductor de Google que significa El sonido de la revelación divina, y todo el mundo sabe que el traductor de Google no falla). Una ópera — así se vende, pero ya tal – en cuatro actos. Así, a lo grande. Tras alguna que otra colaboración con artistas compatriotas, principalmente un Ragnar Kjartansson que también tiene parte activa en Der Klang…, Sveinsson se decide a dar el paso definitivo acompañado de un coro sin actores principales, que pone voz a tres de los cuatro actos de la obra.

Antes, ‘Teil I’ da inicio exclusivamente instrumental, en el que seguramente sea momento más destacable de todo el disco. Una maravilla de cuerdas, destrucción, tormenta, dolor, intensidad y crescendo. Seguramente una de las piezas más logradas que dio la neoclásica del año pasado. Tras ella, el coro empieza a asumir un protagonismo en ocasiones excesivo y algo masticado, como si su presencia acercase el soberbio inicio a lugares más comunes. Precisos, bellísimos lugares comunes, pero lo sobresaliente del inicio se pierde un poco a posteriori.

Ese defecto se presenta, fundamentalmente, en ‘Teil II’, ya que el poder de atracción de la melodía de ‘Teil III’, corte en la que la presencia del coro es mucho mejor, vuelve a mostrarnos la mejor faceta de dirección de Sveinsson, si bien continúa pesando quizás en exceso el poso espiritual, casi clerical. Seguramente sea ese el mayor error de un trabajo que, por otra parte, obtiene resultados estupendos a la hora de ponderar el talento que esconde el islandés. Que permite el mayor de los optimismos a la hora de creer en la eficiencia y brillantez de una futura carrera en solitario.

6,93/10

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