El 5 de febrero de 2017 tuvo lugar uno de los acontecimientos deportivos más fascinantes que recuerdo. Se enfrentaban en Houston los Atlanta Falcons contra los New England Patriots. Era la edición LI de la Super Bowl, la final de la liga estadounidense de fútbol americano. Los Patriots, ya legendarios entonces y todavía más tras aquel partido (ahí siguen, ganando hasta el aburrimiento), partían como favoritos, a pesar de la gran temporada de los de Atlanta. Pero el partido no siguió el guión convencional. Los Falcons tenían el partido enormemente encarrilado al descanso y un touch-down nada más empezar el tercer cuarto dejaba la cosa vista para sentencia. 28-3. Me fui para cama… pero me costó conciliar el sueño así que, ya puestos, me volví a levantar y lo vi hasta el final. Y el final fue antológico, épico. Los Patriots enlazaron un 19-0 en el último cuarto, que llevó el partido a la prórroga donde los Falcons no fueron rival para un equipo embalado. Una de las mayores remontadas jamás vistas.

La carrera musical de Ana Fernández-Villaverde había dejado de interesarme. Hasta tal punto que, sin que llegase al punto de la animadversión, más o menos tenía decidido no volver a escuchar discos suyos. Simplemente me había empezado a aburrir y los escasos intentos de hacer cosas distintas no me habían convencido en absoluto. Hasta que, de forma casual, ‘Déjame entrar’, uno de los cortes de Brujería (Elefant Records, 2019) con la colaboración de La estrella de David, visitó a mis oídos. Y me conquistó. Delicada, dulce, bien construída, emotiva y profundamente bella. Me dije que, quizás, mi aburrimiento no estaba demasiado justificado pero, con todo, ganó dentro de mí la voz que comentaba que un golpe de suerte lo tiene cualquiera.

Momento casual 2: en la radio suena ‘¿Qué?’, de nuevo con voz masculina invitada (en este caso Diego, de Carolina Durante), y con referencia sutil a Shakira. Otro flechazo, desde una perspectiva mucho menos habitual en La Bien Querida. Bailable y pegadiza hasta el agotamiento. Hedonismo e incertidumbre. Un soplo de placer en medio de una historia a medio camino entre la levitación y la angustia de sentirse jodida y perdidamente enamorado. Porque Brujería insiste en hablarnos del amor. Sin el mayor sonrojo ni medias tintas. Llegando a la exposición casi abusiva de ‘Te quiero’, que junto con las canciones previas deja un inicio de disco incontestable. Lo mejor que haya hecho La Bien Querida nunca. A estas alturas. Remontada en camino, el desinterés nota cómo las rodillas le fallan y el amor viene recortando terreno sin paliativos.

Brujería no se queda exclusivamente en el vómito de arcoíris, no. También deja espacio a esa enorme sensación de vulnerabilidad que se asoma cuando uno pone las cartas sobre la mesa. Cuando uno se expone absolutamente, y siente que está a merced de la voluntad de aquel a quien se ha entregado. ‘Miedo’ refleja esas mierdas internas como nadie. El miedo a entregarse y obtener desdén como respuesta. El miedo a que busquen en ti algo que no es eso a lo que aspiras. El miedo, en definitiva, a enamorarse. A ese debate interno entre dejarte llevar por la ilusión y la felicidad o mantenerte alerta por la hostia que pueda venir. A estas alturas estoy tan convencido para la causa que hasta el deje ochentero y algo hortera de ‘Me envenenas’ me sienta estupendamente. Preparemos el último impulso, ese que consiga que la remontada no se quede en un mero conato. Que se convierta en legendaria.

Y para la leyenda quedará que La Bien Querida haya conseguido convencer a J de jugar a ser Marvin Gaye (ya, perdón) en ‘Domingo Escarlata’… y que ese experimento salga bien. Estos dos han venido a convertirse en los Pimpinela (Punk) del siglo XXI con permiso de Isabel León. Se complementan y mejoran como si se dedicasen exclusivamente a hacer música juntos. Terreno allanado para la consumación de tanto amor, para dejar abierto el terreno al deseo carnal. Al abrazo, a los mordiscos y al sexo en ‘Morderte’, el tema más oscuro y apocalíptico de Brujería. Complemento ideal al conjunto del disco, que todavía guarda el último as en la manga. Como si fuese necesario. ‘La fuerza’, de nuevo con J como compañero (aunque esta vez en unos coros menos protagonistas) nos pone los pies algo más en el suelo. Nos lleva a La Bien Querida de siempre, aquella que Brujería, con imponente maestría, ha puesto patas arriba. ¡Qué gozada de disco, chica, qué jodidamente hermoso!

8,73/10

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Fernando Guardiola
Fernando Guardiola
1 year ago

En ¿Que? el fusilamiento de New Order es descarado. No podia salir una mala cancion

mardebering
mardebering
1 year ago

Para nada su mejor disco es Fuego, este tiene relleno.