Lana del Rey – Norman Fucking Rockwell!: volvemos a estar donde siempre

Lana del Rey

Recibido con múltiples elogios por gente como Pitchfork o Consequence Sound («el disco que puso banda sonora perfecta a mi mi depresión«), la llegada de Norman Fucking Rockwell deja claro que volvía a haber ganas de Lana del Rey. Cinco discos después de la locura colectiva en torno a ella, parecía tocar entrar en estado de hype otra vez.

Si os habéis quedado al margen de esa corriente, que sepáis que no hay nada en particular que le dé cuerpo, que la haga necesaria. Siendo un buen disco, y viniendo de uno de los peores que ha publicado (Lust for Life), Norman Fucking Rockwell! es, sólo, otro más. Por suerte para sus seguidores y por desgracia (relativa) para quienes arquean la ceja, Lana del Rey está exactamente en el mismo sitio de siempre: haciendo algunas buenas canciones de crooner femenina con sabor ultra-retro, varias de ellas impresionantes, de hecho; pero también grabando discos en los que no todo funciona, con mesetas más importantes de lo que parece.

Norman Fucking Rockwell! despunta en una producción estupenda, delicada, que cuida los sonidos para que la lentitud no sea frialdad, una de las pegas que más se le ha echado en cara siempre. ‘Mariners Apartment Complex‘ se convierte así en una de las mejores canciones de Lana Del Rey, y el hilo que lleva desde su inicio hasta el final de ‘Fuck It I Love You‘, una muestra de lo que podríamos exigirle. Al menos, en la primera mitad del álbum, salvo excepciones muy concretas, el disco está a la altura.

El problema es la necesidad de irse más allá de la hora de camino, que nos devuelve a la Lana del Rey MEH. Cuando aparece su cara más simplona es cuando recordamos que sólo en contadas ocasiones parece querer ser punzante, realmente emotiva, algo lo acaba pagando en una segunda mitad mediocre y sin garra. Una mitad regular que apenas se esfuerza en despuntar en ‘California‘, típica canción que-ya-has-oído-antes-pero-acaba-por-funcionar, o en ‘The Greatest‘, una interpretación es-pec-ta-cu-lar.

¿Te aburriste con ella en los tramos más normales de Born To Die o en cualquiera del resto de sus discos? Pues lo volverás a hacer aquí. Te horrorizarán cosas como ese ‘Doin’ Time’, que coge el ‘Summertime’ y lo convierte en BSO de serie romántica de Netflix. En lo lírico, poco nuevo que descubrir: de nuevo, una apariencia extremadamente cuidada con regusto final de frivolidad. Lana Del Rey parece ser a la lírica pop lo que las revistas de lifestyle al periodismo.

Pero hay algo de verdad en el recibimiento caluroso del disco: canta mejor que nunca, en los requiebros de ‘Venice Bitch‘ sigue habiendo una artista mucho más grande de lo que es y, si no se empeñase en meter relleno, tendría algo más que, simplemente, «su mejor disco». Lo cual no quita para que este año hayamos tenido el Remind Me Tomorrow, de Sharon Van Etten, muchísimo más redondo que este y recibido como su disco paria. Expectativas, supongo.

7/10

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Lana del Rey - Norman Fucking Rockwell!
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