Leprous  -  Pitfalls, crítica: parece que vamos hacia alguna parte

El desenamoramiento que hemos tenido tantos (muchos, demasiados) con Leprous de un tiempo a esta parte ha sido tan repentino como inesperado. No es que hicieran nada trágico estos, pero algo había que no cuadraba. ¿Cómo es posible que los autores de dos de los mejores discos de metal progresivo de la década (Bilateral, Coal) perdieran tan pronto el beneficio de la duda y el entusiasmo de parte de los fans del género?

Quizá haya que mirar a The Congregation, un disco soberbio y disfrutable pero que, sin embargo, dejaba cierto rastro extraño en el paladar. Había entusiasmo, pero algo ya no era lo mismo. Malina ya nos hizo chocar con la realidad: los noruegos seguían siendo capaces de componer con solvencia en esa parcelita de cuatro esquinas que se habían montado dentro del metal prog, pero ya no emocionaban, no resultaban estimulantes. La rutina, esa perra traicionera.

Dura papeleta para Pitfalls, el disco donde Einar Solberg y los suyos tenían que tomar, sí o sí, una decisión: intentar mantenerse donde siempre y esperar que los más fieles sostuvieran el barco o, como anunciaron, empezar a “cabrear a los fans”. Yo tenía que verlo (u oírlo) para creerlo. Aunque ‘Below’ ya daba las primeras pistas, yo fui más cauto al respecto que mi compañero Isra, que tenía claro que este iba a ser su año de nuevo. Probablemente no tanto, pero creo que tenía más razón él en su entusiasmo que yo en mis reservas.

Porque sí, realmente han intentado ir a cierta dirección en este disco. Una que, desde luego, el fan más reaccionario no iba a recibir con los brazos abiertos, desdeñando el esfuerzo diciendo que han optado por “la vía Muse” (algo que nuestro grupo tenía claro que iba a pasar tarde o temprano). No diré que anden errados, el giro al mal llamado art rock tiene el suficiente regusto a pop electrónico, a grandilocuencia r&b (pero el de muy blanquitos), para sonar a maniobra comercial. Sin embargo, a mí me resulta más genuina y viva de lo que resultaba cualquiera de las canciones de Malina (bueno, vale, salvemos ‘Mirage’). Un ejercicio de estilo de una banda que se cree lo que hace y no suena a intento de cumplir contrato.

Eso sí, Pitfalls tiene problemas. Hay una mitad de disco que es bastante mejor que la otra, que a veces corre el riesgo de ser tan anodina que se cuente entre lo peor del grupo. Quizá sea demasiado conformista asumirlo como el precio a pagar por cuatro singles cojonudos, pero es que estos realmente despiertan ese entusiasmo que creíamos perdido para siempre (sí, ya sé, menudas drama queens estamos hechas). 

¿Es suficiente para recuperar la fe en Leprous? Probablemente no, aunque igual esté hablando aquí mi parte cauta. Al menos, les devuelvo el beneficio de la duda. Tengo interés en ver si pueden seguir encontrando rincones que se puedan expandir en su sonido. Probablemente sea poco para la que apuntaba a ser una de las bandas de la década, pero parece que podemos ir a hacia alguna parte después de todo.

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