Lingua Ignota – Caligula: de vuelta al Coliseo

No alberga belleza alguna, pero confirma toda la violencia. 9/10

No alberga belleza alguna, pero confirma toda la violencia. 9/10

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Un enfermo sexual —violando reiteradamente a sus hermanas y transformando el palacio imperial en lupanar oficial, con varias de sus esposas trabajando como prostitutas—, un derrochador que casi arruina al mayor imperio de la historia en apenas cuatro años y un epiléptico asesino que mataba por mera diversión. Tras su muerte, la de senadores y funcionarios. Un castillo de naipes sanguinolento que apenas dejó una pira de cenizas candentes donde Claudio se las vio y deseó para arreglar el desastre. Ese era el perfil de Cayo Julio César Augusto Germánico, según historicistas y políticos de la época. Entonces, ¿por qué escribir un disco sobre un monstruo? 

Porque dejó víctimas. Y algunas de ellas sobrevivieron. Kristin Hayter, la compositora, letrista y fundadora de Lingua Ignota, fue superviviente durante cinco años de violencia doméstica. Este proyecto es testimonio de sus vivencias más sombrías. ‘Caligula’ es un salto al vacío de la liturgia épica, la brutalidad frontal y la metáfora sin metáfora. Un nexo canónico para guardar al lado del Yo, Claudio televisivo o la pieza teatral de Albert Camus.

El tiempo no cura nada

Dice Anthony Fantano que Caligula es uno de los discos del año. A lo largo de 66 minutos con 6 segundos mantiene una especie de tensión rara, un pavor sexual, que no termino de entender. Bascula en delicado equilibrio entre heroica y fatalismo. Nunca llega a hundirse en la oscuridad de, quizá, el ‘The Origin of My Depression’ de Uboa. No es disco de hijos muertos.

Sin embargo, muchas de sus sentencias te enganchan del pescuezo y exigen leer atento, se pegan como melaza abrasando hasta cicatrizar otro par de días después. Hace un año que no escribo sobre música porque hace un año que ningún disco removía músculos y vértebras de esta forma. En parte por ese apetito mestizo y esa desenvoltura natural en cada faceta. Las letras poseen un compromiso, esa escritura dolorosa que ni siquiera exorciza. El disco se encara como Benjamin Britten encaró ‘El rapto de Lucrecia’, de forma clásica y estructurada: ‘Caligula’ es ópera, es noise, es darkwave neoclásico según los plumillas y black metal primitivo si me preguntas a mí. Un Nine Inch Nails místico que le sienta de maravilla a un 2019 bastante hambriento.

De formación católica, Kristin ha sabido cómo enfatizar una polifonía coral, cómo recrudecer y ensuciar. Durante once temas da vueltas en satinados ululares típicos de la canción tradicional gaélica, a las llamadas de kulning popularizadas por Jonna Jinton, para después intercalar un par de minutos de guturales de esos que harían temblar a la mismísima Alissa White-Gluz.

Entretanto, cantos difónicos en ‘Sorrow! Sorrow! Sorrow!’ apoyados de un gentil, casi romántico, piano. O un sampleo de la marcha ‘Música de para el funeral de la Reina María, Z 860’ de Henry Purcell para el tema ‘Butcher of the World’, canción que cierra con NO KINDNESS/NO KINDNESS en bucle. Sin moralejas plañideras. Al contrario, la víctima ahora es verdugo. Si el disco del año pasado —de este no-género— fue ‘You Won’t Get What You Want’ (Daughters), con quien comparte co-producción, en 2019 esta aproximación al industrial-noise rock es aún más desnuda y pura, sin miedo a caer en la pompa circense de Amanda Palmer o un final lejos de toda moralina: «alábame, yo soy la bestia, alábame».

Su debut fue uno de esos sleepers de 2017, pese a las miles de ventas en Bandcamp, una lúcida lectura entre lo bello y lo aterrador. ‘Caligula’ no alberga belleza alguna, más bien confirma una violencia muy del gusto de la generación X, pero evita tropezar con realismos sucios, acudiendo a la fuente de las emociones. La forma más pura de componer música que podría ocurrírseme.

9/10

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Lingua Ignota – Caligula
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