Qué bien sienta en 2020 tener a Los Enemigos con un gran disco de nuevo. Vida Inteligente fue el regreso, pero se quedó en poca cosa: se quedaría en la parte media-baja de la tabla en un hipotético ranking de mejores discos del grupo. Y, además, nos pudo las expectativas: se habían reunido, en directo seguían siendo los de siempre… en disco, MEH.

Bestieza te quita todas las dudas en una sentada. Las quitó ya con su primer single, la maravillosa ‘7.000 canciones’, una joya fantástica de energía powerpop, emoción; adictiva al cien por cien. Una de las canciones de este 2020.

Y todo el disco continúa por una senda en la que casi nunca baja de lo notable, te aporta ganas de vivir y seguir adelante (que, además, es lo que busca en muchas de las letras) y certifica la talla de un grupo necesario. No hay muchos de estos.

Bestieza y los reencuentros

Estamos en Bestieza en un disco de reencuentros varios. El primero, el de Los Enemigos en sí, que volvieron en 2012, giraron y ya no tuvieron que decir que sí, que seguían, aunque hayan necesitado ocho años más para su siguiente disco. El segundo, el de ellos con Carlos Hernández, técnico en su día del grupo y ahora productor perfecto para un disco que buscaba un sonido diferente.

El tercero, el que implica que uno de los colaboradores de Josele Santiago en su carrera en solitario, David Krahe (también en Los Coronas y en Corizonas), pase a formar parte del grupo tras el adiós de Manolo Benítez.

Con nuevo miembro, energías repletas y la travesía del desierto de unos años jodidos, llegaba la hora del cuarto reencuentro, el más relevante, el de Los Enemigos con el powerpop. Que no, no es terreno nuevo para ellos.

Un mar de sendas sonoras

Sí, ya habían estado allí: a veces desde su acercamiento a sonoridades indie, como en el IMPRESCINDIBLE Tras el último no va nadie, quizás su mejor disco. Otras, llegando desde el lado más hard: en el nunca bien ponderado Gas (1996), canciones como ‘Dentro’, ‘Sr. Correcto’, ‘No me caigo bien’ o ‘Madrileko Negua’. Y así, en numerosas pistas y rastros (donde no deberíamos olvidar la importancia capital de Fino Oyonarte en que el Super 8 de Los Planetas suene como suena o su propia aventura, estupenda también, en Clovis junto a Cristina Plaza).

Así han construido su disco más relevante, revitalizado y sorprendente desde Gas (aunque el doble Obras Escondidas/Obras Escocidas no cuente en eso). Uno en el que ‘Siete mil canciones’, ‘Mar de sendas’, ‘Océano’ (con Fino en la voz recordando a los amigos yonkis que respiran oxígeno pesado) y el cierre de ‘Rey Pescador’ son sobresalientes, pero en el que también ‘Menos que un perro’, ‘Vendaval’ o ‘La costumbre’ demuestran que había tanta necesidad de canciones relevantes como inspiración. Robando historias para contarlas pero con voz, no sin ella (como cantan en una letra que, como tantas, está hecha de escombros y belleza).

Cantan que son “menos que un perro, miserable, una ruina que se oxida y nadie extrañará. Y un carajo: con ellos, un soplo de aire aún guarda un vendaval. Bravo.

Puntuación: 4 de 5.
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