Luke Haines & Peter Buck – Beat Poetry for Survivalists

El disco compartido de Luke Haines y Peter Buck empieza casi como un desafío: “¿Hay alguien ahí?”: Ambos han podido a llegar a pensar que, en realidad, ya nadie les espera del todo, que preferimos sus tiempos pretéritos, que preferimos convivir con el reflejo de lo que fueron en vez de con la imagen que da las obras nuevas que van sacando (muchas en el caso de Haines; con cuentagotas en el caso de Buck).

Quiero dejar algo claro. Mi grupo favorito de siempre son R.E.M. Por momentos, hasta lo obsesivo (hay por aquí un borrador siempre inacabado, siempre en marcha, de todas sus canciones ordenadas de peor a mejor) Y uno de esos artistas que estarían en un escalón inferior pero aún en la zona de “escucho todo lo que haga” es Luke Haines, el cantante británico más perturbador de los últimos 30 años. También el más insistente y, creo, a largo plazo uno de los que reconoceremos como creador de una obra con muy pocos discos desdeñables.

No lo confieso en plan “he venido aquí a demostraros que sé mucho más de esta gente que vosotros”, sino quizás para dejar claro que a la gente a la que quieres les perdonas y toleras las veleidades.

O ni idea. En realidad no sé por qué confieso nada.

Bueno, va, confieso una cosa más: por mucho que me gusten, nunca hubiese imaginado a Peter Buck junto al Ex-Auteurs, ex-Black Box Recorder, ex-Baader Meinhoof y siempre terrorista Haines. Hay, seguro, puntos de contacto en los grupos que adoraron cuando eran jóvenes. Buck conectó como el que más con el glam, no sólo con Bowie o T. Rex, sino también y muy especialmente con Mott The Hoople. En Fiction, una de las muchas biografías sobre R.E.M. se recogía a Buck diciendo que el glam “fue probablemente el último género musical teen que me gustó de verdad”. Haines lleva toda su vida dándole vueltas hasta retorcerlos a aquellos sonidos de los 70: también a sus ambientes, a la Inglaterra en la que se crearon (‘The Rubettes’ o ‘Leeds United‘, por dar ejemplos claros).

Hay, también, admiración directa: Buck ha confesado que “probablemente” tiene todos los discos de Haines (con cierta sorna, claro; nunca sabes si los tienes todos).

Así que el encuentro es menos contranatural de lo que podría parecer. Viene, además, propiciado por aquel excelente New York In the 70s, infravaloradísimo disco de Luke Haines (uno de los 101 mejores discos de la década según nosotros mismos) que también propició un retrato de Lou Reed hecho por Luke que Peter Buck acabó comprando.

La cuestión es si, a pesar de las conexiones, en este Beat Poetry for Survivalists iban a ser agua y aceite. Por un lado, lo son: sus rasgos y tics se oyen y distinguen claramente; las canciones suenan más a “y ahora tú metes algo” que a un proceso compositivo común. uest starring, un featuring.

Pero por otro, ese desdén por por crear un estilo común no juega en contra del disco en ningún momento. Es más: es engañoso. Justo cuando piensas que esto es Luke Haines mandando (como en ‘Jack Parsons’), recuerdas que fue Buck el que le mandaba música que grababa junto a Scott McCaughey y te fijas en toda esa psicodelia que explota en segundo plano.

Las guitarras quebradas de Buck, muy en la línea de lo que vino en Up o Reveal, se funden con esa manera de cantar tan suya que tiene Haines, y se alzan paisajes sugerentes (‘Apocalypse Beach’), densísimos pero nunca, nunca aburridos (‘Witch Tariff’ y el aborto de hit ‘Andy Warhol Was Not Kind’). El choque de trenes explota sus mejores cualidades en ‘Last of The Legendary Bigfoot Hunters’ o ‘French Man Glam Gang’, fascinantes ejemplos de que no hay nada a lo que renunciar en un proyecto compartido para que salga venturoso.

No, esto no es Tuatara.

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