McEnroe – La distancia

McEnroe - La Distancia

Parece mentira, pero han pasado 4 años desde Rugen las flores. Es mucho y poco a la vez. Se ha hecho corto porque entre medias hemos tenido mucho McEnroe, a veces con otros (el disco con The New Raemon), otras simplemente sólo a través de Ricardo Lezón.

Se ha hecho largo a la vez, porque el tiempo, como la distancia, depende del contexto. Al menos emocionalmente: citan ellos a Seifert para explicar el título del disco, un centímetro puede ser más distancia que mil kilómetros; cinco años pueden ser menos que unos meses.

Desde que anunciaron que estaban de vuelta, la espera ha sido larga. Los adelantos, como ‘Asfalto’, lo hacían todo aún peor: si tu disco lo anticipas con una de las mejores canciones que has escrito nunca… ¿qué piensas que pasará?

Ahora llega La distancia y, sí, parece mentira que llevemos cinco años sin canciones nuevas. Y no, no van a decepcionarnos.

Una vez más, un disco de McEnroe es un disco de amor. Hay quien piensa que hay demasiadas canciones de ese tipo. Yo creo que hay pocos remansos de paz completa, que a veces muchas canciones de amor están mediatizadas por otros sentimientos como el rencor, la rabia, la tristeza, los recuerdos… En La distancia queda claro que, de nuevo, un disco de McEnroe es un refugio.

Ese lugar seguro, además, lo visten ahora con menos guitarras, más piano, más sosiego. Volvamos de nuevo a ‘Asfalto (Libres los animales)‘, al momento de sentarte con tu padre a hablar «bajo un cielo de bronce». Volvamos al viento que azota la canción, a cómo Ricardo acaba haciéndose con ella y acallándolo, a los detalles (pocos, importantísimos) que la visten. Con ella dan ganas de juntar las manos en un mismo bolsillo, de buscar a esa persona que te gustaría que nunca te soltara. Dan ganas, con ‘Asfalto’, de llorar sin estar triste.

En realidad la letra de esa canción está escrita como si hablase mi hija, me pongo en su piel. Es un episodio que vivimos juntos; cuando me contó lo que sintió, escribí esa canción, puse las palabras en su boca. Pero es ella la que habla, no soy yo. Es un poco diferente y sí, tiene mucho peso en el disco. Me gustó mucho que ella la cantase conmigo. Ya lo había hecho en mi disco en solitario y en un single de McEnroe, pero esta ha sido la primera vez que me lo ha pedido ella y me ha hecho mucha ilusión.)


(No necesitas saber el momento que la hizo nacer para emocionarte, pero cuando lo conoces piensas «¡esto!». Sacado de la entrevista al grupo en Mondosonoro)

Amor de pareja, de padres e hijos, del mundo que nos rodea… ¿Se ha perdido parte del poso postadolescente que había en las letras de anteriores discos? Es posible. Influye en ello también cómo Ricardo Lezón arrulla sus versos: en ‘La Gran Belleza‘, por ejemplo, podían haber estirado el drama, pero han decidido no hacerlo. ‘Cerezas‘ la podría haber cantado con mucha más afectación, pero sabe cuándo y cómo hacer que nada suene exagerado. No es sencillo: pensad que es una canción escrita con los mismos mimbres de la épica peor entendida.

Es imposible no enamorarse de los últimos dos minutos y 40 segundos de ‘Luz de Gas‘, brillante melancolía que lleva al crescendo instrumental allí donde ya no necesita explotar para emocionar. Llega justo después de una de esas frases estruendosas dichas en casi un susurro: «luz de gas a todo aquello que nos intente separar. Piensa en mí«. BUM.

«Que la vida nos alcance sin tener que acelerar«. A veces, como en ‘La vereda’, parecen sonar hasta pop. Es una ilusión, quizás también el síntoma de cómo han sido capaces de esculpir su sadcore hasta convertirlo en algo contagioso, expansivo. Si por lo que sea ese giro-que-no-es-tal os preocupase, hay muchos reencuentros con los McEnroe de siempre: ‘Luciérnagas’; el hermosísimo inicio de ‘Seré tú’ («he sido calma al estallar… Me has visto hundir y flotar… Tú siempre estuviste aquí recorriéndome sin miedo los huecos del corazón»); el cierre, maestría de orfebres, de ‘El buen invierno’… Hasta en la portada: el cartel de «casas con vistas al mar» mientras una de ellas arde.

«Sólo importa lo pequeño, los ángulos imperfectos». Hay mucha serenidad, calma casi prístina, en La Distancia. Tanta como para hacer que otros cinco años nos parezcan poquísimos, para ponernos a salvo en esta cabaña cada vez que nos azote la tormenta hasta que crean que ha llegado el momento de volver a construir otra nueva.

9/10

Anuncios
Summary
Review Date
Reviewed Item
McEnroe - La Distancia
Author Rating
51star1star1star1star1star