Son tiempos en los que uno puede dar su opinión sobre prácticamente cualquier cosa -da igual si es física de partículas o los ingredientes que debe tener o no una paella- por la sencilla razón de que es gratis. Por ejemplo, se puede echar la culpa de todos los problemas del país a los inmigrantes además de creer que lo mejor para dicho país es construir un muro que lo separe del país vecino y, aun así, ganar unas elecciones. What a time to be alive.

Y como estamos en la época en la que se puede opinar libremente sobre cualquier cosa, prácticamente cualquier hijo de vecino tiene su propia valoración sobre el hecho de que Metallica sigan sacando discos en 2016. Es con lo que toca lidiar por ser la banda de metal más reconocible y mediatizada del planeta. He perdido la cuenta de los años que nos lleva diciendo “Este año sale el nuevo de Metallica” hasta que, finalmente, ha sucedido. Y esta sobreexposición es la que termina elevando el nivel de exigencia y atención puesta en un disco que ha tardado ocho años en llegar para suceder a su predecesor (dejando a un lado AQUELLO).

Metallica cara a cara con Metallica

El debate sobre la necesidad de Metallica a esta alturas del partido se acentuó con un disco como Death Magnetic (Warner, 2008), con su marcado carácter de disco para fans de retorno a sus raíces thrash. ¿Metallica volviendo a un sonido que parecía destinado a no volver? ¿Un sonido que quedó herido de muerte cuando ellos mismos lo abandonaron hace lustros y que, desde entonces, no se ha logrado recuperar? Visto sobre el papel es una decisión quizás cuestionable, pero observando los antecedentes -llegar de un disco tan absolutamente fallido como St. Anger (Elektra, 2003)- parecía la mejor opción para reorientar su carrera y encontrarse de nuevo con ellos mismos como banda. Y qué diablos, ellos mismos terminaron demostrando que la cosa podía funcionar de perlas.

El thrash llegó hace ocho años para quedarse y este disco lo demuestra

No obstante, tampoco es plan seguir a vueltas con Death Magnetic, pero dado el carácter principalmente continuista de un disco como Hardwired… to Self-Destruct (Blackened, 2016), conviene ir poniendo las fichas ordenadas sobre el tablero. Sí, el thrash llegó hace ocho años para quedarse y este disco lo demuestra. A partir de ahí va a ser lo de siempre, haters gonna hate y lovers gonna love. Los que defenestraban su anterior álbum podrán reciclar muchos de sus argumentos para defenestrar este y los que lo disfrutaron tienen motivos para estar contentos. Por tanto, asumamos ya que esta es una decisión de no retorno, continuemos con nuestra vida, y centremos el debate en otros aspectos.

Muchas de las virtudes y fallos de su retorno a las raíces permanecen intactas y están totalmente sujetos a un aspecto muy concreto: la inspiración de los propios californianos. Cuando no dan con la tecla, sus temas se pueden hacer algo cuesta arriba y es fácil correr el riesgo de que el oyente desconecte de lo que está escuchando. Pero también es cierto que, cuando aciertan, pegan bastante fuerte y arrasan con todo a su paso. Eso termina dejando una sensación mezclada que se mostró en su predecesor y que, por desgracia, se repite aquí.

Hardwired encuentra su talón de Aquiles en donde otros muchos discos dobles antes que él: demasiadas canciones

Ese factor es el que termina provocando que, a nivel global, este disco sea menos sólido que Death Magnetic. Aunque hay bastantes aspectos en los que es superior -la producción ya no es tan cacofónica, hay más canciones de mucho nivel-, Hardwired encuentra su talón de Aquiles en donde otros muchos discos dobles antes que él: al final son demasiadas canciones. Y aunque algunas sean muy muy buenas, hay otras que bajan el nivel y son las que facilitan la desconexión con el álbum. Eso es lo que lo termina separando de ser un álbum superior e, incluso, de notable alto. La posible solución podría ser la misma que yo aplicaría al binomio Load/ReLoad (1996–1997, Elektra), que no es otra cosa que un filtro mayor en la selección de canciones para lograr un resultado más redondo (en el caso de Load/ReLoad se podría hablar fácilmente de un disco top 3 en su discografía, palabras mayores).

He comenzado hablando de las fallas de la obra, que existen, sobre todo en el segundo disco, pero no os quiero dar la impresión de que considere a Hardwired como un disco fallido, al contrario. Como ya he dicho, el disco presenta unas cuantas virtudes más con respecto a su antecesor, como por ejemplo es su mayor atrevimiento a la hora de coquetear con otra épocas menos reivindicadas del grupo. He mencionado antes los álbumes Load/ReLoad y debo reconocer que me ha sorprendido encontrarme con temas como ‘Now That We’re Dead’ o ‘Dream No More’, cuya base de sonido recuerda tanto a la de aquellos discos. Aparte de eso, los temas son muy potentes y muy certeros, especialmente el segundo.

El disco presenta unas cuantas virtudes más con respecto a su antecesor, como su atrevimiento a la hora de coquetear con otra épocas menos reivindicadas del grupo

También hay mucha presencia del álbum negro, especialmente en el segundo disco (‘ManUNkind’ y ‘Am I Savage?’ como ejemplos más claros, mejor la primera que la segunda a todas luces), pero la base principal sigue siendo un thrash metal muy dado a la ensalada de riffs, muy propio de sus primeros trabajos -del thrash progresivo que se llegó a leer por ahí nada, como mucho en un tramo de la pasable ‘Atlas, Rise!’-. La propia ‘Hardwired’ es toda una declaración de intenciones desde el minuto uno, haciendo gala de un thrash arrollador, sin descanso y apenas variaciones que, debo decir, a mí me convence.

Sin embargo, cuando más se logran lucir es cuando aportan algo de picante e incluso épica para terminar de redondear los temas. Es el caso de varios de ‘Moth Into Flame’ con su vigorizante estribillo o de una ‘Halo on Fire’ -ojo, apunta a clásico moderno como ‘All Nightmare Long’- espectacular a todos los niveles, ya sea en su tramo más baladesco, en el más potente o en esa brillante recta final que invita al grito pelao. Incluso en una de las más potentes, ‘Spit Out the Bone’, donde van más a degüello, aportan ese toque épico que les termina haciendo irresistibles. No es casualidad que estos tres sean los highlights más claros del disco (y curiosamente dos de ellos son los encargados de cerrar los dos discos de Hardwired).

Cuando más se logran lucir es cuando aportan algo de picante e incluso épica para terminar de redondear los temas

No es casualidad tampoco que los momentos más memorables mencionados estén en el primer disco que, como ya he mencionado, es más sólido que el segundo, al que le termina pesando ese tramo que empieza con ‘Here Comes Revenge’ y finaliza con ‘Murder One’. Esa triada de canciones son las más olvidables, con diferencia además, por muy bonito que sea el homenaje a Lemmy de la última. Menos mal que no terminaron añadiendo ‘Lords of Summer’. A pesar de ello, tanto ‘ManUNkind’ como, sobre todo, ‘Spit Out the Bone’, logran equilibrar un poco más la cosa junto con una efectiva ‘Confusion’.

7.8/10

Aunque los momentos más prescindibles son los que terminan lastrando la valoración global de Hardwired, también hay que decir que esos momentos donde aciertan, que no son pocos, se muestran muy inspirados y efectivos. Y sólo por eso ya es más que suficiente para que Metallica sigan sacando discos en 2016. Los haters seguirán hateando, pero aquellos que sepan aceptar que aquella banda que alcanzó el Olimpo allá por los ochenta ya no va a volver y se centren en lo que tienen delante, esos son los que disfrutarán y vivirán más felices. Yo desde luego no encuentro motivos para echar mierda en un disco donde hasta Lars Ulrich muestra un nivel técnico que muchos creíamos que había perdido hace años.

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Juan Carlos Estrada
Juan Carlos Estrada
1 year ago

Dream no more es de lo mejor en este álbum, acompañado con ese video vestidos a lo Faith no More. El resultado; un híbrido. Es como si Devil’s Dance y Sad But True hubiesen tenido sexo.