Mirrored es el mejor ejemplo de que Chicago puede unirse con un cordón umbilical que vaya desde Shellac y los estudios de grabación de la bestia llamada Steve Albini hasta las reuniones cerebrales de Tortoise.

Porque a hacer música experimental entre esos extremos, canciones de baile para gente que no baila, se dedican Battles en la duración de su primer disco, precedido por un single impactante en el que (ya lo dijimos) se daban cita por igual el post-core, el post-rock, el free-jazz, Neu!, Van Der Graaf Generator y los pitufos del padre Abraham.

Mirrored es un sopapo en la cara y una buena razón para seguir creyendo en la continua regeneración de la música cerebral. Sus canciones, dicen, son matemáticas y sí: el ritmo está medido y cada cambio, que hace avanzar las canciones como si de música electrónica se tratase (poco a poco y en crescendo), podría escribirse con fórmulas e hipótesis.

Pero en Mirrored hay también vísceras. Las que propulsan las canciones más allá del juego frío de los ritmos perfectos, de la fría intelectualización del rock, de los peores tics de la música progresiva, y las convierten en rock donde el metrónomo importa tanto como las sensaciones. Corazón, estómago e

Si este disco quisiese ser la banda sonora de una película, no vendría mal para un hipotético montaje del director de Brazil, de Terry Giliam. Un paisaje de ciencia ficción burocratizada y kafkiana perfecto para Mirrored.

Subscribe
Notify of
guest

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

0 Comments
Inline Feedbacks
View all comments