Neil Young – Homegrown

Es paradójicamente interesante escuchar un disco nuevo de Neil Young que, en realidad, es de 1975, y funcione en ambos sentidos. Es decir, Homegrown suena y se siente como un disco de 1975, y se llega a disfrutar como tal. Pero al mismo tiempo resulta pertinente como un álbum de Neil Young de 2020. Son dos aspectos aparentemente antagónicos, pero llegan a revelar bastante sobre las virtudes del artista.

Pero antes, el contexto: Young escribió y grabó Homegrown a finales de 1974 y comienzos del año siguiente. El artista se encontraba en un punto bajo, con la separación de su pareja Carrie Snodgress, con la que tiene un hijo en común, y tras la pobre recepción comercial de On the Beach, tras la que su sello le urgió a volver al sonido clásico de sus exitosos After the Gold Rush y Harvest.

Young se volcó en la escritura de canciones durante ese periodo, y Homegrown fue el resultado. En una fiesta privada, con miembros de su banda Crazy Horse y de The Band, acabó reproduciendo este disco y Tonight’s the Night. Sus invitados le aconsejaron que sacara este último, ya que parecía el más pertinente para sacar en aquel momento. Young no le hizo ascos al consejo, aunque que Homegrown fuera un disco especialmente personal, incluso demasiado según ha expresado él mismo, motivo también esta decisión. Algunas canciones del disco se han colado en otros trabajos suyos, pero es más lo que hay por descubrir que lo que había conocido.

Han tenido que pasar 45 años para que Neil se sintiera cómodo con destapar esta parte de sí mismo, y resulta comprensible una vez abre con ‘Separate Ways’. El cantautor se desnuda al completo, detallando su relación rota con Snodgress y hablando de su hijo. Hay dolor, hay cierta incomodidad, pero también una emoción tan honesta que es imposible no quedarse maravillado con lo que suena. Y ese aura se propaga a lo largo de Homegrown, un disco con apariencia sencilla pero mucho por rascar más allá de la superficie.

Sonoramente se acerca más a lo que su sello probablemente quería antes que lo que les ofreció con Tonight’s the Night, más country rock y más alma pop, incluso a pesar de pequeñas digresiones experimentales como la que muestra en ‘Florida’. Tampoco está excesivamente alejado de lo que ha desarrollado a lo largo de su carrera, ya que Young pocas veces ha dado volantazos en su sonido, aunque tampoco se ha mantenido estático. Quizá por eso no se siente tan extraño que salga este disco en 2020.

Aun así, es legítimo plantear la cuestión sobre si Homegrown puede tener la consideración de disco de 2020, más allá de que se haya publicado oficialmente ahora. Pero es una cuestión que se aleja un poco de lo que ha convertido a Neil Young es un artista tan esencial. Más allá de explorar cuánto puede darse de sí con su guitarra, o con qué sonidos puede llegar a experimentar, la clave de sus discos siempre ha sido el alma y la emoción que transmitían. Discos como Harvest brillan por su sencillez, pero sobre todo lo hacen por cómo te perforan el corazón con su honestidad.

Y ahí es donde se aprecia la brillantez de Homegrown. No sólo ayuda que fuera escrito durante el mejor periodo compositivo de Neil Young, sino que es un disco que se desnuda y te invita a ser participe de él. Te invita a perderte en sus canciones, en cada verso que descubres con cada nueva escucha y te detienes un rato en él. Uno de esos discos suyos que aparentan ser pequeños, pero en realidad hay mucho que recorrer en ellos. Y por eso da cierta rabia que haya tardado 45 años en sacarlo, porque son 45 años que podríamos haber aprovechado para explorarlo una y otra vez y encontrarle más cosas cada vez.

Pero qué bueno que haya decidido dárnoslo al fin. Es otro imprescindible suyo.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.