Nicolas Jaar – Cenizas

Después de haber publicado otro notable disco bajo Against All Logic, ese alias que hace incursiones en sonidos añejos de una forma tan elegante, Nicolas Jaar vuelve a publicar con su nombre de pila, un proyecto que por aquí no es el predilecto, pero que sin embargo, con este Cenizas (Other People, 2020), ejemplifica el gran 2020 que el productor chileno-estadounidense está bordando. Si bien con anteriores trabajos hemos visto a un Jaar regular, con buenos discos de diversa textura, con ese house minimalista pero sin sobresalir, al fin con este quinto LP saca su mejor versión. Y de qué forma. Alejado del toque pistero y clasicista de AAL, y a la vez de los ritmos más superficiales de anteriores largos, Cenizas es un álbum más introspectivo, embelesador, que exuma enorme talento por los cuatro costados. Una especie de Pomegranates (Other People, 2015) mejorado, con menor minutaje y mucho más expeditivo.

Sin duda, después de una década de trayectoria, este es el disco más maduro y con mejor acabado que ha facturado Jaar bajo su propio nombre. Entre la ambientación y la electroacústica, y con un aura que a veces recuerda al siempre inspirador Andy Stott, el productor perfila 13 temas que consiguen engatusar desde el minimalismo y la delicada melodía que ha diseñado, colocando cada pieza minuciosamente para que el resultado sea un trabajo íntimo pero a la vez más eléctrico por la experimentación en capas secundarias. Explorando mucho más sonidos que hasta ahora eran más tangenciales. Pequeñas deconstrucciones pseudo glitch en ‘Menysid‘ que recuerda al sonido de Arca, pero extrayéndole todo su fulgor, dejando un loop minimalista a un tempo muy bajo, reposado, que exige una escucha relajada. Son los detalles que se encuentran a lo largo de este Cenizas, un trabajo con más texturas que mucha vida en las subcapas de cortes como el que dan nombre al álbum, con líneas de bajo graves, jalonadas con secuencias vocales casi imperceptibles y otros susurros que se exaltan en una exquisita parte final. Construcciones sugerentes en las que el disco gana muchos enteros.

Se trata por tanto de un LP con una premisa en líneas generales minimalistas, pero valiente por ir más allá y no quedarse a mitad de camino entre un house más desbocado y pasajes más interiores, que es lo que ha venido haciendo. A cambio, hay un tamiz enormemente rico en esos sonidos bajo la superficie de las canciones. Una vez más, líneas de bajo gruesas sobre las que va virtiendo diferentes caras, devaneos jazzísticos como en ‘Agosto‘, experimentaciones elecroacústicas en ‘Gocce‘ o secciones tribales reducidas al mínimo exponente en ‘Sunder‘, simplemente con secciones de spoken word que sirven para fomentar esa hipnosis generalizada. En medio de todas esas canciones que miran más hacia dentro que hacia fuera, sobresalen tres o cuatro temas que son los pilares en torno a los cuales orbitan el resto. La primera de ellas puede ser ‘Mud‘, de nuevo con esas bajas revoluciones pero con unos aires tribales contenidos, dibujando una suerte de ritual electrónico en la que otra vez entra en juego instrumentación clásica para engalanar las líneas maestras presentes en todo Cenizas. ‘Hello Chain‘ es otra de esas indiscutibles puntas de lanza, con un sorprendente cambio de vocales dramáticos en sus primeros compases para luego entrar en una capa más suave y evocadora, con unos vocales tremendos, contraponiendo agudos y otros más armónicos o entrecortados. Una joya perfectamente tallada.

Ya en el tramo final, con experimentaciones en clave casi downtempo, como la mayoría de los temas, cierra ‘Faith Made of Silk‘, otra de las protagonistas del disco, con ese poso jazzístico con la percusión y con una instrumentación que se funde perfectamente con el sonido onírico y en aumento que va dibujando Jaar. Una buena guinda para su álbum más complejo, que puede no ser tan accesible de primeras por ese repliegue sonoro, pero que sin duda después de estar buceando un tiempo en sus profundidades, emerge como un gran y satisfactorio trabajo. Muy minucioso en los detalles y con una ornamentación vocal que le añade mucho valor añadido a cada tema final. Vaya año, Nicolás.

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