Es curioso cómo ha evolucionado la curva de interés con Nine Inch Nails. Con Hesitation Marks llegaron a tocar un punto que, si bien no era crítico, ya mostraba que la banda no estaba en el mejor punto creativo o de relevancia, como se ha evidenciado en el seguimiento posterior a su obra. Algo que el propio Trent Reznor parece buscar intencionadamente, con una serie de EPs de bajo perfil y resultados modestos pero aceptables, cuando no llamativos (Bad Witch, por ejemplo).

Esos EPs se encuentran perfectamente entre lo más interesante de la década de NIN, y han conseguido que, incluso aunque la banda no esté en ese punto de popularidad de otras épocas, sí que nos despierte más interés la posibilidad de un nuevo disco del grupo. Ayuda también el trabajo que ha hecho paralelamente Torreznor en bandas sonoras con Atticus Ross, ahora mismo su mano derecha creativa inseparable.

No obstante, no esperábamos tan pronto tener una nueva obra (u obras) del grupo para disfrutar y valorar. Claramente, el nacimiento y publicación tanto de Ghosts V: Together y Ghosts VI: Locusts viene marcado por las circunstancias: una pandemia por el Coronavirus que ha obligado al confinamiento durante un largo periodo de tiempo (y lo que queda), con todo lo que ello conlleva. Despegarse de ello es imposible, porque está en nuestro día a día. Todos hemos cambiado nuestros hábitos por esta crisis y hasta en los aspectos más nimios de nuestras vidas está presente. Es, por tanto, complicado mantener cierta estabilidad, emocional y mental, durante estos días.

Lo sé, yo también estoy allí. No diré que haya días mejores y peores, porque la fluctuación se acaba dando varias veces en un día. Momentos donde notas que lo sobrellevas mejor, donde te permites relajarte un rato, y momentos donde es inevitable sentirse algo superado por todo esto. Pero, por fortuna, aguanto. «No queda otra», me acabo diciendo. Pero no estoy hecho de piedra, igual que el resto del mundo, y es inevitable preocuparse por todo, incluso de las cosas que no puedes controlar.

Todo este momento de apertura personal lo escribo mientras suena el doble álbum de Nine Inch Nails, una obra precisamente nacida desde ese torbellino emocional en el que estamos atrapados todos. Desde los momentos donde te sientes más abrumado hasta aquellos donde te sientes más optimista. Y reconozco que estar con nueva música de Reznor me hace sentirme, al menos, un poco mejor. Tenía interés por un nuevo disco del grupo, pero no esperaba uno que al escucharlo ya sintiera que me lo iba a acabar poniendo bastante durante estos días. No tanto por la calidad de la obra, que ahora entraré en ello, sino por lo ideal que es como acompañamiento.

Aunque la referencia más evidente sea la de Ghosts I-IV, realmente no se puede empezar a entender esta obra sin tener en cuenta el trabajo en bandas sonoras de Reznor y Ross. Desde Gone Girl hasta Waves, pasando incluso por Watchmen, aunque sea de refilón. Este periodo les ha servido a ambos para terminar de manejar a la perfección el manejo emocional desde los sonidos instrumentales y ambientales. Eso es algo que se nota, sobre todo, en Ghosts V, el más ambiental y más cercano al trabajo de sus bandas sonoras. También el más luminoso, quizá el ideal para cuando uno se sienta más optimista.

También se nota en Ghosts VI, incluso siendo un disco más de dark ambient y, por momentos, muy cercano a la experimentación instrumental de The Fragile. Es, obviamente, el más oscuro, y el más idóneo para el escenario que veo por mi ventana, con el cielo ennegrecido y con la lluvia a punto de salir de las nubes. Parece casi de escena de La Carretera, de Cormac McCarthy. Suena el caos de ‘TURN THIS OFF PLEASE’ mientras miro por la ventana, y encuentro cierto confort incluso aunque mis ojos perciban cierta desolación.

Valorando puramente lo que contienen Ghosts V-VI, hay claramente material de mucho nivel. De lo mejor que ha hecho Reznor en los últimos tiempos. Por debajo de lo de Watchmen, quizá, pero es que aquello era muy bárbaro. En algunas piezas concretas hay un trabajo muy fino, casi excelente. Hay otras que quizá no sobresalgan tanto, pero intuyo que valoraré más cuantas más veces escuche el disco. Y probablemente lo escuche bastante. No tanto por su brillantez, sino por lo bien que funciona incluso estando de fondo. Y a veces son esos discos de fondo los que mejor compañía hacen. Uno puede tirar de Godspeed You! Black Emperor hasta cierto punto.

Y precisamente, siendo dos obras tan complementarias, tan especulares entre sí, suenan idóneas para este momento. Tanto para los altos como para los bajos. Tanto para cuando no puedes evitar ver el caos en tu TL de Twitter como para evadirte en ese libro o en ese artículo que tienes guardado en Pocket desde hace tiempo. O para desahogar tus propios pensamientos en una página en blanco.

Probablemente sus cualidades no sean las que hagan a esta obra trascender, como tampoco lo hicieron con Ghosts I-IV, un trabajo menor y con demasiada dispersión en su núcleo. Pero sí la hacen una interesante zona de confort. La zona de confort que probablemente más nos valga estos días, cuando no sabremos si después de todo esto saldremos, con suerte, un poco más sabios y reflexivos, o nos entregaremos por completo a la histeria y haremos realidad todo lo que nos advirtieron en The Leftovers. Aunque eh, algunos en The Leftovers terminaron aceptando la tragedia, incluso sin entender el por qué de la misma. Quizá nosotros también salgamos de esta. Al menos, necesitamos creer que algún día podremos. Hasta que lleguemos allí, es bueno tener a Nine Inch Nails de compañía. No con su disco más importante, pero sí el que más necesitamos.